Editorial Eróstanus C.A.

Editorial Eróstanus presenta en este blog la producción literaria de Andrés Simón Moreno Arreche. Cada uno de los relatos, poemas, cuentos y novelas poseen depósito legal, ISBN y radicación internacional a través del Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual de Venezuela (www.sapi.org.ve) y además están registrados en Safe CREATIVE. Es inaceptable la reproducción parcial o total de los textos posteados, sin la formal autorización de la casa editorial y del autor.

Bienvenidos

Bienvenido a mi blog "Las Narraciones de Eróstanus". Aquí podrás encontrar relatos breves, que hallarás agrupados en el mes de noviembre 2010, y 22 capítulos de la novela "El Ocaso de los Tulipanes", colgados en orden decreciente en el link del mes de diciembre 2010.

Los relatos breves, la gran mayoría de menos de 2.000 palabras, a excepción de tres, fueron publicados en una compilación en el año 2008 con el título "Relatos Para Contárselos A La Muerte"(ISBN 978-980-12-3162-2). Una segunda edición está en la imprenta de la casa Editorial Eróstanus C.A. patrocinadora de este blog.

La novela "El Ocaso De Los Tulipanes" es una narración de largo aliento. Se trata de 23 capítulos (22 de ellos colgados aquí) en los que se desarrolla una trama compleja que expone al lector las aparentemente imposibles, pero muy reales asociaciones entre las insurgencias latinoamericanas, el terrorismo internacional y los avatares de un presuntamente próximo cisma de la Iglesia Católica romana.
La primera parte comprende los 5 primeros capítulos. En ellos, la aparición de 'El Ángel de la Palabra' (Adonay Jinnú) antecede al inicio de una gran cruzada de concienciación mundial.
La segunda parte ('Los presagios de la Trinitaria Blanca') la integran tres intensos capítulos en los que Bianca, K'bar y muchos otros personajes del primer capítulo colocan al lector en una vorágine de eventos que se desarrollan en Europa, África y Oriente Medio.
Cierra la novela con los acontecimientos que desencadenará un tenebroso y escurridizo personaje, Absalón, su discípulo (Ehud Weizman) y los mercenarios de éste. Bogotá, Tierra Santa y los Montes vascos de Irún son los escenarios del desenlace de una historia densa, rica en personajes y ambientes, y apasionante de comienzo a fin.

Siéntate en tu butaca preferida y ponte cómodo para sumergirte en mis relatos y en mi novela. Sé bienvenido a mi mundo.

Andrés Simón Moreno Arreche

miércoles, 1 de diciembre de 2010

CAP 4- El Ocaso de los Tulipanes / La gran revelación

Transcurrieron dos horas desde que Adonay se anunció en la recepción de la agencia de publicidad, para entrevistarse con el licenciado Alfonzo Ferrer, y aún esperaba. Había aprendido a esperar, pero en vista de los últimos acontecimientos, no podía darse el lujo de desperdiciar ni un minuto más. Tenía que tomar medidas drásticas, aunque ellas significasen salirse de la ruta trazada. Mientras esperaba, pasó revista mental a los acontecimientos que tanto le preocupaban, especialmente aquellos que se sucedían en esos momentos y que presagiaban un terrible desenlace inminente. Entonces llegaron a la agencia de publicidad tres hermosos niños rubios para un casting cinematográfico. ¡Qué diferentes y a la vez cuán parecidos eran estos niños con aquellos que conoció en Magnitogorsk, el eje principal del cinturón industrial ubicado al Este de las montañas Urales. Cálculos conservadores estimaban que menos del uno por ciento de todos los niños de aquella región gozaban de buena salud, pues todas las mujeres del lugar estaban seriamente contaminadas por los desechos industriales de la Siderúrgica Lenin, que arroja a la atmósfera más de seiscientas cincuenta mil toneladas de contaminantes al año, que incluyen químicos de alta toxicidad que se condensan en las lluvias del valle y que se han esparcido lentamente sobre más de veinte kilómetros cuadrados. Vio pasar a los tres niños rubios y no pudo evitar un hondo suspiro.

.- Señor Adonay - le interrumpió la atractiva recepcionista con vocecita de juguete - El licenciado Ferrer salió de la reunión y lo atenderá en un momento.

Las palabras de la recepcionista lo trajeron a la realidad desde la profundidad de sus cavilaciones. Desde la silla que ocupaba en la recepción podía observar parcialmente las oficinas interiores. En primer plano, el escritorio de Rosi con varios teléfonos a un lado, una computadora laptop de última generación y al fondo, un intaglio de Marco Cárdenas, el más famoso y laureado grabador venezolano. El ambiente de la oficina de Rosi, bellamente decorado, destacaba con un tupido ramo de claveles rojos colocados al lado de un porta retratos. Más allá del cubículo secretarial de Rosi, la puerta siempre cerrada de la oficina del licenciado Alfonzo Ferrer se convertía en el foco de su atención, más por lo que le venía a plantear, que por las excusas por su incumplimiento con los trabajos de carpintería. Realmente no deseaba entrar en detalles de cómo cayó en una redada policial aquel sábado por la noche, y en lo relativo al trabajo de carpintería, antes de venir a sus oficinas había pasado por La Puerta de oro donde había firmado su liquidación contractual y había visto finalizados los trabajos que ordenara, semanas atrás, el publicista. Vio a Rosi salir del maño de las damas con el rostro transfigurado por la alteración. La vio llegar a su escritorio, guardar el pintalabios en la gaveta y dar unas breves y silenciosas instrucciones a la recepcionista. Inmediatamente, la recepcionista le indicó que pasara; por fin el licenciado Ferrer la recibiría. Al entrar se tropezó con los tres niños rubios del casting y en medio de la algarabía de la muchachada quedó paralizado para dar paso a los tres niños que parecía se multiplicaban por diez.

Como alto ejecutivo publicitario, Alfonzo ponía en práctica una técnica particular para incomodar a alguien, cuando esa persona no era de alto perfil para la agencia, y también cuando, presa del disgusto, hacía pagar ‘los platos rotos’ a cualquier desconocido. La deleznable práctica consistía en hacerle esperar innecesariamente primero; luego, hacerle pasar a su oficina y mientras ‘el chivo expiatorio’ pasaba por la puerta, simulaba una larga conversación telefónica, escribía alguna nota irrelevante o simplemente continuaba la lectura de un memo o del periódico, mientras el extraño permanecía de pie, frente a él, el tiempo suficiente como para hacer un vacío que se pudiera cortar en el aire. Adicionalmente, asumía un rictus como de patriarca indignado: Entrecejaba la frente, erizaba su poblado bigote y dirigía al recién llegado aquella estudiada y falsa mirada de fiera herida, largamente practicada en el espejo del baño de su oficina.

Lo más difícil para Adonay fue reprimir una primera sonrisa que luego se convertiría en un mar de carcajadas incontroladas. Para él, la escena de Alfonzo era como ver enfurecido y encolerizado a un inocente cachorro Cooker Spaniel de mes y medio de nacido. Esperó pacientemente a que el publicista terminara con su show; luego, ignorando sus agresivos planteamientos con los que le echaba en cara el incumplimiento del trabajo de carpintería, con la voz innecesariamente alta para que le escuchase Rosi y media agencia también, Adonay fue directo al grano de sus intenciones:

.- Mire licenciado, yo no vine a discutir las razones que le asisten para sentirse de ese modo, con relación al retraso en os trabajos que ordenó en La Puerta de Oro. Tengo entendido que todo está listo y que se le entregará esta tarde, como ya usted sabe. He venido a plantearle otra cosa: Una campaña comunicacional. Una campaña que estoy seguro, se puede convertir en la más importante campaña que usted haya podido imaginar... Una campaña única con la que usted podrá demostrarle a todo el mundo que es el mejor ejecutivo publicista, y tal vez, sólo tal vez, esta puede ser la ocasión para que usted le encuentre sentido a su vida.

Inmediatamente, Adonay inició uno de aquellos monólogos que le habían hecho famoso en la Facultad de Humanidades de La universidad del Zulia. Comenzó con un planteamiento simple y luego de su boca fluyeron decenas y decenas de argumentos que desembocaron en su propia definición:

.- Yo soy el portador de la última oportunidad. Soy el primer enviado del Verbo Encarnado, del Rey de Reyes. La tabla de salvación del nuevo diluvio con el que se purificará esta raza, y a partir de la cual nacerá el hombre nuevo. Pero entienda usted bien que yo no soy Aquél que fue, que Es y que Será por siempre. No, yo soy el primero de sus últimos enviados. El primer ángel. El que ha de derramar la primera copa sobre la tierra y con ella, la úlcera maligna y pestilente sobre quienes tengan la marca de la bestia y a los adoradores de su imagen. Soy la voz anunciante del que Era, Es y Será por siempre y a través de mi boca y de mis actos no hablo yo sino Aquel que pronto vendrá, luego de las grandes tribulaciones, a juzgar a vivos y muertos y a entronizarse en Su reino divino.

Durante aquellos minutos de la conversación de Adonay con Alfonzo, varios empleados de la agencia se agruparon en la puerta abierta de la oficina. Por más que Alfonzo intentó interrumpir o parar la magnífica y hasta narcotizante perorata de Adonay, la fuerza de aquellas palabras y el poder de su convencimiento se lo impidieron. Era que de aquel carpintero brotaba un magnetismo y un poder de convicción con tal intensidad que resultaba literalmente imposible detenerle o interrumpirle. Su voz de bajo barítono era potente pero serena, y se podía escuchar con total nitidez en todas las oficinas del primer piso de la empresa. En un momento inesperado, Adonay calló. El efecto de su silencio fue impresionante pues casi todas las mujeres se sonrojaron con una vergüenza juvenil; los hombres experimentaron el arrobo místico de la contemplación y un calor gratificante y sereno les invadió a todos por igual. Quienes habían llegado aquella mañana con alguna dolencia física, ésta desapareció de inmediato mientras que un ambiente de placidez generalizada se extendió entre todos. Por fin, Alfonzo recobró su compostura de Vicepresidente y pudo articular palabra:

.- Yo le agradezco a mis compañeros que regresen a sus labores porque esto no es un mitin, y a usted, Adonay, le agradecería se exima de hacer alardes propagandísticos aquí en la Agencia y vaya directo a la esencia de su propuesta, porque no dispongo de mucho tiempo.

La propuesta de Adonay fue como las cosas importantes de la vida: De planteamiento sencillo pero de ejecución compleja. Además de confesarse como el primero de los siete ángeles que Juan preconizó en El Apocalipsis, Adonay le encomendó a Alfonzo una misión:

.- Licenciado, yo no he venido para que usted me crea o no me crea, estoy aquí porque no hay tiempo para dar a conocer de la manera tradicional, de boca a oído, los acontecimientos que están por venir. El mensaje debe comunicarse lo antes posible y a la mayor cantidad de personas en todo el mundo, sin distingos de raza, lengua o religión. Ya pasó el tiempo de las evangelizaciones. Llegó el momento de las urgencias y usted y su empresa pueden ayudar a cumplir Sus deseos y simultáneamente, lograr prestigio y fama mundial.

El énfasis sutil que puso Adonay en las últimas palabras, un énfasis de respeto acompañado por una profunda mirada, de esas que escudriñan el alma, produjo en Alfonzo un efecto devastador. Por primera vez en sus 40 años de vida todas sus convicciones retemblaron, incluso su doctrina profesional más conservadora, aquella que le impelía a ser supremamente cauto y desconfiado con anunciantes políticos y religiosos, de grandes proyectos con pequeños presupuestos. Ahora, frente a este Adonay misterioso y de verbo narcotizante, no estaba tan seguro de aquella ‘ley fundamental de la publicidad’. Tampoco lo estaba de sí mismo y por esas inseguridades se limitó a decirle que pensaría en aquella propuesta y que sin que lo conversado pudiera interpretarse como una aceptación implícita, le proponía una segunda reunión, a la que asistirían otros altos ejecutivos de la Agencia y muy probablemente, el Presidente de la Junta Directiva, su tío.

.- Vamos a hacer algo productivo para ambos: Nos reuniremos aquí pasado mañana, a esta misma hora y así, ambos tendremos tiempo. Yo me dedicaré a pensar en su propuesta y dedicaré tiempo a analizar la factibilidad económica de lo que usted propone. Usted aprovechará el fin de semana para prepararnos algún documento en el cual nos indique, brevemente y en lenguaje simple, sus objetivos, el público al cual desea llegar, y lo más importante, cuánto dinero dispone, porque me excusará la crudeza del planteamiento pero en esta actividad los costos y los gastos suelen ser muy elevados... No sé si me comprende.

.- Si, lo comprendo y lo entiendo. Son sumamente costosos y como es natural usted infiere -muy correctamente, por supuesto- que no dispongo de suficiente capital ni de bienes para responder el compromiso económico de una campaña como la que yo sé que usted se está imaginando. Sin embargo, los únicos avales que puedo ofrecerle son, en primer lugar, mi Fe y la fe que muchos han dado y darán de mis actos. En segundo término, esta libreta de ahorros que abrí recientemente en una oficina del Banco de Mara, en la oficina de... Déjeme leer aquí... A ver... Si, en la oficina...

.- Banco Mara -cortó secamente Alfonzo

.- Si, ese mismo ¿Qué le dije?

.- Usted dijo ‘Banco-de-Mara’ y es ‘Banco Mara’... Sin el ‘de’

.- Bien... Está usted en lo correcto. La cuenta está abierta en la oficina principal del ‘Banco Mara’. Aquí tiene la libreta... Quédese con ella y utilice los fondos a su discreción.

Alfonzo rechazó de plano aquella libreta de ahorros. Era verdaderamente patético ver cómo aquel hombre desconocía en qué terreno de gastos se estaba metiendo ni la más remota idea del costo de una página en el Daily Mirror o de treinta segundos de ‘prime time’ en cualquiera de las cinco cadenas norteamericanas que transmiten señal de costa a costa, sin mencionar el costo de los medios europeos, que tarifan en euros, o los del Reino Unido y los de Asia. Alfonzo se quedó viendo cómo un silencioso Adonay se alejaba de su oficina, mientras se despedía con un gesto cariñoso de Rosi y con una sonrisa de los empleados que se habían refugiado en la recepción. Pasaron varios minutos, quizás unos veinte, antes de que Alfonzo se diera cuenta que la libreta de ahorros de Adonay aún estaba sobre su escritorio. Quedarse con ella contemplaba un compromiso de facto que no debía asumir.

.- Rosi, dile a uno de los motorizados que alcance al señor Adonay y le entregue esta libreta. Debe ir por... ¡Rosi, ponme atención! ... ¡Coño, Rosi, párame bolas cuando te estoy hablando!

.- ¡Ay, perdone ‘usted’ señor Ferrer, es que...

.- Déjate de pensar en pajaritos preñaos y dile al motorizado que le entregue esta libreta a...

.- Perdone ¿Decía...?

.- ¡Olvídalo!... ¡Juan!

.- Si, licenciado.

.- Entrégale esta libreta al señor que acaba de salir. Se llama Adonay y no debe ir muy lejos porque anda a pie. Anda... ¡Esmollejáte pa’ que lo alcancéis!

Juan regresó a la Agencia a los pocos minutos pero con la libreta de ahorros de Adonay. No lo encontró ni en la esquina del Hotel Paseo ni en las cuatro cuadras alrededor. Dio dos vueltas rápidas por las inmediaciones y hasta persiguió a un colectivo hasta la parada siguiente para ver si lo hallaba, pero tampoco estaba allí. De regreso a la Agencia de Publicidad sintió curiosidad y se detuvo en la Avenida Milagro Sur para averiguar el saldo. Al abrirla se decepcionó y se dijo para sí:

.- Pero ¿Para qué tanto afán por una libreta con sólo cincuenta bolívares fuertes? ¡Nojoda, ni que tuviera los millones de un Rajá.

Al llegar al estacionamiento le esperaba Alfonzo.

.- Licenciado, el señor ese como que se lo tragó la tierra... O se me escondió, porque no le vi el rastro por ningún lado. Aquí tiene la libreta y por el apuro que usted le puso a la encomienda me imagino que estará full de billete.

Alfonzo la abrió con recelo, miró el saldo y le dio la razón al motorizado:

.- Tenéis razón. Apenas tiene tres mil doscientos bolívares fuertes.

.- ¿Qué? ¿Tres mil... cuántos?

.- Lo que oíste: tres mil doscientos. ¿Y a ti qué te importa el monto?

Juan no se atrevió a insistir, no fuera s sospechar el licenciado que él había revisado la libreta. Pero sí lo había hecho y había mirado el saldo, de cincuenta bolívares fuertes, como la única cantidad, en la primera línea de registro de la primera página de los asientos. No tenía dudas: allí había uno y sólo un asiento, de apertura de cuenta, por cincuenta bolívares. Pero calló. Hizo mutis. Y le pareció que el licenciado estaba exagerando, como siempre lo hacía: todo más grande. Más de más. Con lo brollero que era, a Juan no le extrañaba aquella exageración.

.- ¡Mentira! ¡Que tres mil y tantos! –se decía mentalmente Juan. A otro con ese mojón.

Un teléfono celular vibró desde el escritorio de la Vicepresidencia y mientras Alfonzo se dirigía a contestarlo, metió mecánicamente la libreta dentro de su maletín. Luego tomó el BlackBerry y del otro lado de la línea, una inconfundible voz le respondía su “¿Aló?” con las cordiales expresiones de siempre:

.- Verga, coñito! ¡Vos si que te dáis lija pa’ responder!

.- ¡Cómo estáis, Abelardo! Me supongo que llamáis pa’ pedirme la revancha. Te recuerdo que en dominó, perder por ‘zapatero’ vale doble. O lo que es lo mismo: Primero pagáis la cuenta en el Náutico y luego te doy la revancha ¿Estamos?

.- Y a mí me parece que quien está endeudao hasta la retina de los ojos sóis vos ¿Queréis que te dé los detalles, o te conformáis con una clave?

.- Mirá... No sé de qué me habláis, porque lo que sí está claro es que la cuenta del Náutico es tuya. Recordá... Perdiste en el último juego de dominó por ‘zapatero’.

.- Mijo, te voy a dar la clave, pero te sentáis. No vaya a ser que te me déis un coñazo innecesario cuando te desmayéis. Y la clave es... ¡Janet!

.- ¡Coño, no! No me digáis más nada. No quiero saber más un coño de esa mujer. Vé: Vamos aclarando cosas: Esa coñita me ha costado un verguero de cobres con Labarca y un tronco de arrechera con Rosi. Así que... Nada. No quiero saber más nada de esa coña.

.- Pues, te va a costar más cara aún. Algo así como setenta y cinco mil bolívares fuertes más, sin incluir mis honorarios que no te voy a cobrar. ¿Cómo te quedó el ojo?

.- ¿Qué? ¿Por qué? ¿A cuenta de qué te debo esos cobres?

.- Amigo, ya deberías saberlo. ¿No te lo contó Labarca? Sucede que para poder sacar a ‘tu amiguita’ Janet de la cárcel, tuve que hacer valer mis influencias con el médico patólogo de la Policía Judicial, y para que firmara la boleta de salida tuvimos que inventarle a ‘tu niña’ una historia clínica aquí, en el Hospital Coromoto, para que Labarca lograra su sometimiento a juicio en libertad, a pesar de que se le acusa de distribuir drogas, por razones médicas. Como ya te podrás suponer, tuvimos que hospitalizarla, a tu cuenta por supuesto, para una cura de sueño y la primera sesión de desintoxicación. Esta mañana la di de alta, y como dice aquella canción del Rubén Blades...’La vida te da sorpresas... Sorpresas te da la vida... Ay pues...’ ¿No te parece que es tremenda sorpresa que ahora tú seas el deudor? Alfonzo... Alfonzo, ¿me escucháis?

Alfonzo había colgado. No le importaban los detalles, pues de una forma o de otra, aquella mujer se había convertido en su karma más reciente y cavilaba sobre lo que tendría que hacer para sacarla de su vida. ¿Mandarla a matar? De verga no. Sería una vaina estúpida. ¿Extraditarla a Colombia? Hmmmmm... Es más humano y más posible.

Tomó el Blackberry y pulsó la tecla 3 del marcado automático para una llamada urgente al Gobernador del Estado. Le respondió el Secretario Privado para decirle que de momento el Gobernador no le podía atender. Y mientras le daba vueltas mentalmente al ‘asunto Janet’ Rosi entró en su oficina con un café y un vaso de agua fría. Al hacerlo interrumpió sus cavilaciones y se le quedó viendo, a la espera de un reproche o de otra de sus escenas neuróticas, pero Alfonzo no levantó la mirada, ni siquiera para agradecerle aquel gesto. Continuó pulsando teclas en su ‘smart phone’ y revisando correos electrónicos, hasta que minutos después, le ordenó militarmente hacer varias llamadas y la redacción de un memo interno para convocar al Comité de Planificación para el lunes siguiente, inmediatamente después de la reunión semanal con los Ejecutivos de Cuenta, los Supervisores y los Creativos.

En toda la Agencia se diseminó un murmullo de comentarios con relación a Adonay. Eran comentarios contradictorios pues unos decían que se trataba de un místico. Otros, que era un oportunista. Sólo Andrés Avilés y Natalia Schmidt prefirieron callar y no sumar sus voces, porque conocían la profundidad de aquellas palabras pronunciadas por Adonay, palabras mil veces oídas por ellos dos en el Templo Evangélico, leídas por el Pastor en el Libro de las Revelaciones.

Este fue el primer fin de semana del año que Alfonzo lo pasó íngrimo y solo en su apartamento. Desde el viernes por la tarde, cuando rechazó las insistentes invitaciones de sus amigos para jugar dominó en El Náutico, hasta el lunes, lo pasaría enclaustrado para estudiar el ‘asunto Adonay’. Incluso había rechazado estar con Rosi pues durante esas sesenta horas necesitaría de todo el tiempo y de su dedicación exclusiva para asimilar lo que había ocurrido en La Agencia, que se resumía en dos hechos fundamentales: Su exclusión de la dupla de ejecutivos para integrarse al Comité Central de las agencias afiliadas, y las posibilidades mercadotécnicas que ofrecía la campaña de aquel extraño personaje.

No sabía cómo ni por qué, pero intuía que entre ambos sucesos existía un vaso comunicante, un puente invisible, una ligazón. Por ese pálpito era necesario indagar de qué modo se relacionaban ambos eventos y se proponía descubrir el factor común que los unía. Además, en la reunión del Comité Ejecutivo del lunes, Alberto Molina y Ernesto Paz se pavonearían ante él. De eso estaba seguro. Harían tremendo alarde de su nueva condición de miembros del Comité Central. Harían valer su veto a cualquier campaña o plan suyo, una prerrogativa exclusiva para los miembros de aquel comité, y él no les iba a permitir que lo arrollasen de esa manera.

Se despertó el sábado antes de las siete de la mañana. Desayunó frugalmente en la cocina y antes de leer la prensa del día por internet, puso en funcionamiento las dos lavadoras automáticas que Janet le había hecho comprar el año pasado. Reconoció en el silencio de sus pensamientos, que la amante de su novia era una mujer práctica: Una lavadora para la ropa blanca y otra para la ropa de color resolvían rápidamente el enojoso asunto de la lavandería semanal. De regreso a la sala pasó por su habitación, tomó el maletín de su laptop y ya en la sala, cerró la puerta corrediza para aislar el tam-tam de la lavandería y dejar el resto del apartamento con el ambiente acondicionado a 18 grados Celsius. Antes de teclear la primera línea de texto de un prototipo de plan de mercadeo comunicacional, comenzó por releer algunos capítulos de cuatro libros de cabecera que siempre mantenía a mano: ‘Posicionamiento’, de Al Ries y Jack Trout; ‘El Arte de la Guerra’ de Sun Tzú; ‘Teoría del Símbolo’ de Tzvetan Todorov y ‘La ideología como Mensaje y Masaje’ de Aguirre y Bisbal.

Definir un plan de publicidad era su labor fundamental en La Agencia, pero para esta ocasión y quizás por primera vez desde que fue ascendido a la Vicepresidencia, sintió que el tema se le escapaba de las manos, junto con la apremiante necesidad de ayuda ‘especializada’, como la de un pastor evangélico, el aporte de un experto en mercadotecnia, la visión ecléctica de un ateo y la capacidad organizativa de alguien que tuviera, además de sindéresis redaccional y buen manejo de la terminología publicitaria, una excelente capacidad de síntesis. Por suerte o causalidad, en la Agencia se ‘anidaban’ en perfecta armonía laboral cuatro seres así: Andrés Avilés, uno de los diseñadores computarizados que ejercía como Pastor Evangélico en la Iglesia Carismática del barrio Simón Bolívar. Ese sería ‘el hombre de la Biblia’. Luis Soto trabajaba en La Agencia como Supervisor de Medios. Se convertiría en ‘el hombre de los numeritos internacionales’. Simón Arias era el creativo que necesitaba; además de ser un ateo que defendía sus posiciones con solidez intelectual, era uno de los mejores Directores Creativos del consorcio publicitario con un enfoque diferente. El sería ‘el hombre de las ideas’. Para completar el grupo, dispondría de la bella y súper eficiente Natalia Schmidt, una Ejecutiva de Cuentas que se convertiría en persona clave para organizar y darle coherencia redaccional a todo cuanto se hablase o se propusiese en las próximas horas. Ella sería ‘la mujer de los resúmenes’. Los cuatro fueron citados a su oficina para el lunes a las siete y media de la mañana, para una jornada intensiva con desayuno incluido, del que se encargaría Rosi.

Mientras tanto, su primer escollo fue organizar un respaldo informativo para su gente. Ese respaldo equivalía a compilar la historia y los logros alcanzados, nada más ni nada menos que por la mismísima Iglesia católica Apostólica Romana. Surgieron dudas y más vacíos. La primera de ellas: ¿Se trataba de una campaña para la Iglesia o para Adonay? Y aunque había acordado con Adonay que éste le proveyera de una información básica para utilizarla como plataforma comunicacional, no se confió de él y se dedicó a hacer una síntesis apretadísima acerca del impacto de la Iglesia Católica Apostólica Romana, desde que Jesús de Nazareth le dijo a Simón Pedro...sobre ti edificaré mi iglesia” hasta el presente Papa. En este gran sumario tendría que incluir un análisis situacional actual para ubicar el rol y el papel de un mensajero como este Adonay. Luego de noventa minutos de navegación por la súper autopista de la información, Google y Yahoo le saturaron el disco duro de su laptop con una sobre abundancia de informaciones imposibles de leer en tan sólo un fin de semana. Y mientras la impresora láser agotaba el tercer cartucho de tóner y las cinco resmas que tenía se convertían un una marejada de hojas impresas, decidió llamar a su amigo Lucca von Rütter, el Monseñor Obispo de la diócesis de Cabimas.

.- Buenos días, Monseñor. Le habla Alfonzo Ferrer. Espero no interrumpirle hoy sábado.

.- Nada que ver, hijo ¿Y eso que me llamas un sábado? ¿Por fin te quieres confesar? Vé que vos tenéis un bojote de años sin comulgar... Y tendréis los pecados como las barajitas.

.- Je je je ¿Cómo es eso, Monseñor?

.- Mijo... De colección! No me digáis que vos nunca coleccionaste barajitas de béisbol.

.- Pues no. No lo llamaba pa’ que me confesara, aunque le voy a confesar que tengo una ‘papa caliente’ entre las manos.

.- ¿Y eso, de qué se trata?

Alfonzo le resumió el deseo de Adonay lo mejor que pudo, sin entrar en detalles de lo que aconteció en La Agencia, pero sin omitirle lo esencial. La conversación telefónica con Monseñor se prolongó por más de dos horas y al final, la posición de Lucca von Rütter era que aquello que le pedían era una absoluta abominación de los principios cristianos, pero para Alfonzo era la oportunidad de demostrar con hechos que él tenía los méritos para pertenecer a la dupla que representaría a La Agencia en el Comité Central.

Organizó los papeles con las notas y las observaciones que le hizo Monseñor y se dirigió hasta el bar; necesitaba un vaso limpio y frío, con una medida larga, bien generosa, de su Old Parr preferido: El de 12 años. Detrás de la puerta de vidrio, las lavadoras continuaban su danza de telas con jabón, y de regreso al estudio pasó al lado de la mesa del comedor donde estaba su maletín Louis Vitton abierto. Se detuvo. Algo le llamó la atención. Algo que no era común en su maletín y que definitivamente no debía estar allí: La libreta de ahorros de Adonay Jinnú. La tomó e inmediatamente volvió a colocarla dentro del maletín, esta vez en el compartimiento del Blackberry. Allí la vería pasado mañana lunes y se la devolvería a Adonay. Una lavadora paró, inmediatamente después la otra. Desanduvo el pasillo, puso a secar la ropa y colocó otras dos cargas de ropa sucia en las lavadoras. De regreso se premió con un largo sorbo de ‘viejito Parr’, de seguidas otro y después le añadió dos cubos de hielo al corto vaso de cristal. El rito, cultivado con solemnidad y delectación de bebedor consuetudinario durante los últimos 20 años le retuvo momentáneamente en el bar. Repicó uno de los teléfonos celulares, el de las llamadas privadas, pero ni lo contestó ni se molestó en averiguar quién le llamaba. Tal vez era Rosi, pero de momento no quería reiniciar con ella la discusión del día anterior. Prefirió enfrentar en solitario el segundo escollo de la campaña: La descripción de los parámetros para la evaluación previa del público meta. Para eso necesitaría de información precisa: Perfil demográfico, estilos de vida, comportamiento de los diferentes subgrupos humanos asociados con la Fe Cristiana. Antes de abordar todas esas espinosas cuestiones se imponía un segundo qüisqui y un tercer viaje a la lavandería. Y así, entre lavadas, secadas y servidas, Alfonzo pasó todo el sábado en su departamento.

El domingo despertó temprano, más por el entumecimiento de las piernas que por un descanso reparador: se había dormido sobre el diván del estudio, con el libro ‘La ideología como mensaje y masaje’ –de Aguirre y Bisbal – abierto sobre su pecho en la página 160, donde había subrayado algunas líneas del capítulo sobre las diversas concepciones de las ideologías políticas, los mitos y las creencias religiosas. Aún quedaban pendientes muchos aspectos en su análisis: El presupuesto de inversión, la estrategia creativa y el plan de medios constituían la espina dorsal, el andamiaje fundamental de la propuesta, y nada de eso lo podría hacer, ni solo ni en su apartamento. Prefirió postdatar esos aspectos para el día siguiente, se desperezó y se fue directo al baño, desnudándose mientras caminaba del estudio a la ducha. Mientras se bañaba sonó el intercomunicador y diciendo la misma maldición que acostumbraba en ocasiones similares, salió de la ducha totalmente enjabonado para responderle a quien le interrumpía su rito matutino con un regaño.

.- ¡A ver! ¿Quién jode?

Del otro lado de la línea le respondió una tierna voz femenina que no escuchaba hace meses:

.- ¿Alfonzo? Es Janet

Su reacción fue colgar de inmediato. Sin responder. Como un mecanismo de defensa automático. Pero la chicharra del intercomunicador sonó y sonó tan seguido, que prefirió despachar a la mujer en vez de soportar aquel sonido punzopenetrante que le perforaba el alma.

.- Alfonzo, perdoná que te moleste. Yo se que vos no queréis saber nada mío, pero por favor, abríme la puerta porque tengo que decirte algo verdaderamente urgente... y no me importa que Rosi esté ahí contigo. ¿Aló? ¿Alfonzo, me escucháis?

Nuevamente le había colgado el intercomunicador, pero lo levantó de nuevo para despacharla sin contemplaciones:

.- Agradezco que te vayas porque estoy trabajando y no quiero que nadie me interrumpa. No te voy a abrir, y... otra cosa: Vé cómo váis a pagar la deuda en el Hospital Coromoto, porque yo no la voy a cancelar.

Colgó el auricular por tercera vez y de regreso al baño se tropezó con su maletín, esparciendo todo su contenido por el piso. Iba a dejarlo todo tirado y continuar con su baño, pero un simple detalle lo paró en seco: La libreta de ahorros de Adonay, que ahora tenía dos páginas repletas de asientos bancarios. Alfonzo se jactaba de ser muy minucioso, especialmente con las cifras; de hecho era un maniático con los números y los detalles, y a partir de esa manía lograba descifrar los asuntos más complejos. Por eso, esas dos hojas de asientos bancarios atrajeron su mirada, porque cuarenta y ocho horas antes había revisado bien la libreta en su oficina (incluso a insistencia de Juan el motorizado) y había visto sólo dos líneas de registros y un saldo: tres mil doscientos ochenta bolívares fuertes. Eso lo recordaba con especial claridad mientras se inclinaba para recoger la libreta. Eran dos... sólo dos líneas de asientos. Tal vez tres líneas, pero nunca dos hojas. ¡Nunca!

Volteó la segunda hoja de los asientos bancarios y al mirar el saldo en el último asiento, la cifra no coincidió con la que leyó. No eran tres mil doscientos ochenta bolívares: ¡Habían dos millones quinientos cuarenta y seis mil doscientos noventa y nueve bolívares fuertes! Mientras revisaba página por página todos y cada uno de los asientos bancarios, bien al trasluz, bien en la tinta y en el intaglio que como huella deja la máquina del banco, perdió la noción del tiempo y se quedó allí, parado a medio camino entre la sala y el baño, con el champú resecándose sobre su escaso pelo y el jabón corporal cubriéndole sus desnudeces con una pátina blancuzca y olorosa.

Temió que estuviese en presencia de lo que provocaba un susto incontrolable durante las clases de catecismo del cuarto grado, en el Colegio Gonzaga: Un milagro. Comenzó a experimentar el hormigueo del miedo que le producía la voz del Hermano Nectario cuando les relataba, con voz de barítono, lo que experimentaron los Apóstoles durante el milagro de la multiplicación de los peces y los panes y se sintió como el Apóstol Tomás, que lloraba y reía mientras sacaba cualquier cantidad de peces de la pequeña e inmunda cesta. Y experimentó en carne propia la incredulidad del Apóstol Juan, que constantemente miraba hacia la cesta de los panes y por más que sacaba hogazas enteras no le veía el fondo al canasto. Entonces tomó fuerzas de donde no las tenía y volvió a revisar, con pulso alterado y los ojos llorosos, los asientos bancarios de las dos hojas y corroboró en voz alta, el saldo final.

Terminó de bañarse y se vistió con la torpeza del apuro, y mientras bajaba hacia el sótano del edificio para abordar su carro, pulsó las teclas del BlackBerry frenéticamente, casi con ira, tal y como siempre hacía las cosas cada vez que era presa del nerviosismo. El teléfono de su tío estaba fuera de cobertura. El de Sergio no contestaba y mientras pulsaba la tecla de redial, al salir del estacionamiento rozó con una columna la puerta derecha de su Lamborgini rojo fuego, recién importado.

.- ¡Coño!... ¡Qué verga!... ¡Rayé la nave!... ¿Aló, tío? Es Alfonzo. Si... Todo bien, pero lo que te tengo que contar a vos no puede ser por teléfono ¿Dónde estáis?... Okey, voy saliendo para Los Puertos y llego en una hora. No, no se trata de La Agencia... Esperáme que la vaina es importante.

Mientras cruzaba en puente sobre el Lago de Maracaibo, se le ocurrió que en esa reunión debía estar presente Monseñor Lucca von Rütter.

.- ¿Monseñor? Hola de nuevo... Es Alfonzo, Alfonzo Ferrer. Se, estoy bien... Bueno, trabajando en eso... Por cierto, ¿Usted cree en los milagros, verdad? Bueno, yo hasta hoy no creía en eso, pero me parece que tengo uno en el maletín. No, Monseñor... Ni estoy borracho ni lo llamo para gastarle una broma pesada. En estos momentos cruzo el puente por la pila veinticinco y voy a reunirme con mi tío en la rada que tiene Ignacio Euskadi en Punta de Leiva y creo que usted debe estar presente allí. ¿Sabe dónde queda?... Es esa misma... A la entrada del depósito de licores de Hernán... Si, usted entra por el portón azul y le da directo hasta la rada. Lo esperamos allí y vea que el asunto es serio. Mi palabra y mi prestigio están de por medio. Bueno... hasta dentro de un rato.

Lucca von Rütter debía oficiar misa. Lo hacía todos los domingos a las once de la mañana en la Iglesia de Cabimas desde que fue nombrado Obispo de esa diócesis, y ésta sería la primera vez en muchos años que oficiaría otro sacerdote. Mientras dirigía su vehículo con rumbo Norte por la Autopista intercomunal de la Costa Oriental del lago, se preguntaba mentalmente si ese milagro del que hablaba su amigo ublicista sería el inicio de los trabajos del acueducto ofrecido por el Gobernador tres años atrás, y que ¡Por fin! Se iniciarían de inmediato. También imaginaba que en esa reunión estaría el Gobernador. Aprovecharía para pedirle ‘un mollejero de cosas’ que se necesitan en la ciudad. Un nuevo hospital... Más escuelas... Más seguridad ciudadana...

.- Si Roma bien vale una misa... Cabimas también. La invitación de Jesús debe ser con el Gobernador. ¡Así será el ‘negociado’ han hecho y lo quieren celebrar en la rada del más rico de los altagracianos! Y no me extrañaría que estuviera ‘el alto mando’ de la guarnición y sabrá Dios cuántos capitostes más. Pero que todo sea para el beneficio de Cabimas y la diócesis... Pa’llá vamos, virgencita... Porque la ocasión la pintan calva.

Durante el recorrido por la autopista intercomunal hacia Punta de Leiva, una imagen se entremezclaba con sus pensamientos. Era la misma imagen de su época de seminarista, cuando experimento por primera vez aquella pesadilla. Fue la noche que se quedó dormido releyendo los versículos del Apocalipsis en el Libro de Las revelaciones de san Juan. Era la imagen de un campesino mestizo pero impropiamente alto, como de un metro noventa, que avanzaba hacia él con un copón en sus manos, paraba momentáneamente a su lado, le veía a los ojos y seguía camino, dejando tras de sí unas huellas sobre la arena, y de esas huellas brotaba un gel verdoso y pestilente que rebullía, a pesar de estar absolutamente frío. En su pesadilla, Lucca von Rütter se veía a sí mismo inclinándose para tocar aquella substancia y al hacerlo se le derretían en el sueño los tres dedos de la mano derecha que suele utilizar para darle la sagrada comunión a su feligresía. Al levantar la cabeza, veía en su sueño que el campesino había detenido la marcha y al voltear, notaba que carecía de rostro y en su lugar había un cáliz lujoso y enjoyado, del cual manaba más de aquel verdín apocalíptico.

Las primeras noches, el seminarista despertó sudoroso y presa de incontenibles temblores. Con el tiempo se acostumbró a la pesadilla, le perdió miedo y cada noche que le sobrevenía, asumía en su subconsciente una posición crítica para detallar el contexto en el que escenificaba y deducir el posible significado de aquellas imágenes recurrentes. Así, con los años descubrió detalles interesantes, como la morfología guajira del campesino, el pantalón de mezclilla y el mecate que utilizaba como cinturón y que el copón tenía varias inscripciones en un idioma no identificado al principio, pero que después supo que eran en arameo, aunque nunca las pudo descifrar del todo.

No fue precisamente un sarao oficial lo que se encontró en la lujosa mansión del arquitecto Euskadi. Fueron cuatro caras largas con evidentes signos de preocupación, con las miradas fijas en una libreta de ahorros desplegada sobre una mesa.

El lunes siguiente no se realizó en La Agencia la acostumbrada reunión de status con los Ejecutivos. Tampoco el Comité Ejecutivo. Todos los Vicepresidentes, junto con el Presidente y algunos altos ejecutivos de la casa matriz estaban desde las nueve de la mañana en el despacho del doctor Martínez castro, Presidente del Banco Mara. La reunión se había acordado desde la mansión playera de Antonio Euskadi, cuando frente a los que estaban presentes se reprodujeron otras dos páginas de asientos bancarios en la libreta de ahorros de Adonay, y ante la admiración y el miedo que les produjo aquel fenómeno paranormal, el saldo se elevó a más de cincuenta millones de bolívares fuertes.

Por tratarse de un fenómeno con características sobrenaturales, se le encomendó a Monseñor Lucca von Rütter la custodia de la libreta de ahorros, con el convenimiento de que al otro día la llevase hasta las oficinas principales del Banco Mara para cotejar aquellos asientos milagrosos con las computadoras y las verificaciones de rigor. Convenido el acuerdo del domingo, Alfonzo se regresó en su Lamborgini con uno de los presentes en el evento: Juan Carlos Mogollón, el Superintendente de seguridad del banco.

.- Don Valverde - propuso Mogollón al finalizar la reunión en la playa - Creo que lo más conveniente será que Alfonzo no regrese solo a Maracaibo. Está muy alterado y puede sufrir un accidente. Lo voy a acompañar, pero si él me lo permite manejaré yo, que soy el único que no ha bebido.

Alfonzo, que venía hacia la mesa con dos vasos de Old Parr aceptó la propuesta del banquero sin importarle que un extraño manejara por primera vez su ‘nave’ de trescientos mil dólares.

.- Okey, te lo agradezco - sentenció don Valverde - Pero se me van después de este güisqui y nos encontramos en la rada del Club Náutico en una hora.

.- Por mi parte - terció Monseñor Lucca von Rütter - me voy a llevar esta libreta, que ojalá fuera mía, porque bastante que la necesitamos en Cabimas. Nos veremos mañana en Banco Mara. Yo llegaré como a las diez de la mañana.

A diez minutos de la hora acordada, se anunció Monseñor Lucca von Rütter en la antesala de la Presidencia del Banco. De allí fue trasladado de inmediato al salón de la Presidencia por Juan Carlos Mogollón.

.- Buenos días, Monseñor ¿Trajo la libreta?

.- Por supuesto, hijo, y creo que esta cosa le va a dar un susto enorme a tu jefe. Por cierto, ¿Ya ubicaron al feliz propietario de estos cobres?

.- Todavía no. Hace dos horas localizamos la dirección de su casa en Ziruma, pero no hemos podido...

.- ¿En dónde? - le atajó el sacerdote.

.- En Ziruma, padre. ¿Por qué?

.- Así que el feliz propietario de este bojote de millones es un vecino de la zona roja más peligrosa de Maracaibo... Interesante... Muy interesante.

.- Así parece, padre, aunque pensamos que lo más probable sea que hay un error en la base de datos y que viva... Quién sabe dónde... Tal vez en otro sector... Usted me entiende...

.- Si, hijo. Te entiendo perfectamente” - y como si hablara para consigo mismo, dijo en voz alta: Ay, Señor mío Jesucristo, esto va a traer cola.

Monseñor traía la libreta dentro de un sagrario, cubierto con una pañoleta morada. Alñ llegar al vestíbulo que antecede al salón de reuniones fue recibido por den Valverde, Presidente de La Agencia de publicidad, con quien intercambió un comentario inicial:

.- Buenos días Jesús. Acá te traigo el encargo de ayer... Y prepárense para otra sorpresa.

.- En este país ya hemos perdido la capacidad de asombro - les interrumpió Martínez Castro desde la puerta del salón- y por lo que me han dicho, acá estamos ante un fraude y no frente a un milagro. Pero pase, pase Monseñor, y muéstreme esa libreta.

Lucca von Rütter no hizo más comentario. Calló en seco pero sonrió pícaramente a su amigo don Valverde. Colocó el sagrario sobre la descomunal mesa de conferencias del banco, lo abrió con una llave que llevaba colgada bajo la sotana negra, sacó la libreta y se la entregó al Presidente del banco. Para ese momento, las doce páginas de la libreta estaban repletas de asientos y el monto final superaba los quinientos millones de bolívares fuertes. El doctor Martínez Castro, con la experticia que se puede esperar de alguien que empezó su meteórica carrera desde la atención al público como cajero, revisó de adelante para atrás y en sentido inverso la libreta, hojeando las doce páginas con dos dedos, mientras los demás, expectantes, le veían fruncir el ceño cuando se detenía en algún asiento y revisaba las hojas al contraluz

.- Si esto es una broma, les aviso que es de muy mal gusto - y dirigiéndose a don Valverde, sentenció: - Y les puede costar a ustedes perder la cuenta publicitaria del Banco. Así que, están advertidos.

.- Doctor - ripostó inmediatamente don Valverde - esa libreta la dejó en La Agencia nuestra un cliente de su Banco, y como quiera que presenta irregularidades decidimos traérsela porque se trata de algo bien extraño y particular. Ayer domingo, a eso de las once de la mañana, tenía dos páginas de asientos bancarios con diferentes depósitos, algunos de los cuales se reprodujeron frente a nuestros ojos. Por eso llamamos a Monseñor, para encomendarle la guarda y custodia de la libreta, como garantía de que nada ni nadie la tocarían hasta hoy que usted lo hizo. Comparto con usted la teoría que de se trata de alguna forma desconocida de dolo, y será responsabilidad de los funcionarios del banco descubrir cómo y quién lo está efectuando. Más nada. Ese y no otro es el propósito de esta reunión.

La sola mención de que podría perder la millonaria cuenta publicitaria, obró otro tipo de milagro en don Valverde: el de la ‘transfiguración’ de las opiniones, y por más que él mismo haya sido testigo presencial y furibundo defensor de que aquello era un milagro, cambió su parecer sin pestañear, porque por más ‘milagrosa’ que fuera aquella libreta, primero estaba la estabilidad financiera de su empresa.

.- Por cierto - terció Monseñor con ironía - ¿Qué noticias tienen del feliz cuenta ahorrista?

.- Aún no aparece - intervino Mogollón - Pero dos de nuestros ejecutivos de seguridad bancaria lo rastrean por la ciudad.

.- Está bien - intervino el doctor Martínez Castro con evidente tono despreciativo y con el mismo gesto amohinado que siempre usa cada vez que desea restarle importancia a algo - Vamos a ver qué tenemos por aquí. En apariencia, la libreta se ve ‘legal’, con todos sus sellos húmedos y la firma en tinta del Gerente de piso. Los asientos son otra cosa. Parecen válidos pero será fácil descubrir el fraude. Ya verán... ¡Yesenia!

Como por arte de magia, apareció en el salón, como desde la nada, la secretaria privada de Martínez Castro. Estaba impecablemente vestida con un sobrio traje beige de dos piezas, bolígrafo y libreta en mano y unos coquetísimos lentes bifocales con montura de Cartier, a medio andar entre la punta de su nariz y sus ojos verdes.

.- Yesenia, lleve esta libreta a la Gerencia de Operaciones para que verifiquen los asientos - y dirigiéndose a los presentes comentó en tono conciliatorio, pero sin dar más opciones que las de su preferencia - ¿Alguno de ustedes prefiere el café negro o con leche descremada?

.- Gracias, doctor. Yo lo prefiero con leche descremada - aceptó don Valverde.

.- Otro igual para mí copió Alfonzo, a quien le resultaba visceralmente imposible contradecir a su tío, aún en cosas tan nimias e intrascendentes como ésta.

.- Yo prefiero un vaso de agua, pero bien fría - dijo Monseñor - porque esto como que se va a poner más caliente.

.- Y a mí, como siempre, negro y con splenda - pidió Martínez Castro - Caballeros, no se preocupen por esta situación. Es una excelente oportunidad para poner a prueba el nuevo software de nuestro sistema de seguridad. Aunque no haya línea entre las sucursales y la Casa Matriz, podemos establecer una conexión satelital propia, segura y exclusiva, porque somos el único sistema bancario con señal blindada a través de nuestro satélite propio. Una red que no sólo abarca nuestras ciento cincuenta sucursales en todo el país, sino que también incorpora a los veintiséis bancos y corporaciones financieras internacionales con los que tenemos afiliaciones en todo el mundo. En pocos minutos sabremos cómo, dónde y quiénes están detrás de este evidente fraude.

Martínez Castro, estaba evidentemente orgulloso de su Proyecto Milenium, integrado por ‘su’ satélite y ‘su’ software, un proyecto mil millonario que le costó más de un disgusto con algunos miembros conservadores de la Junta Directiva de la Corporación Bancaria.

.- Verán: Hace apenas unos meses, esta operación de rastreo y verificación nos hubiera costado cientos de horas-hombre durante veinte días hábiles. Hoy podemos detectar un fraude así en cuestión de minutos, y me atrevo a juzgar que se trata de un fraude grosero porque ¿Quién en su sano juicio va a tener más de mil millones de bolívares fuertes en una simple libreta de ahorros, aperturada hace apenas un mes? ¿Y quién es este Adonay Jinnú? Para mí es un desconocido, con una presunta fortuna de origen desconocido, que por el apellido me suena que es de origen guajiro.

.- Y lo es - intervino Alfonzo - Lo que es más asombroso no es su condición guajira porque conocemos muchas personas de esa etnia que poseen fortunas grandísimas, y hasta viven en mansiones suntuosas, tanto en Maracaibo como en Miami. No, lo que llama la atención es que siendo un carpintero que vive en Ziruma, posea una fortuna colosal de esas proporciones... ¿Cómo va a tener semejante cantidad de dinero un carpintero que vive en un rancho y que ni siquiera tiene carpintería propia?

.- ¡Un carpintero! ¿El Adonay ése, es un carpintero? - preguntó con curiosidad y feliz asombro, Monseñor.

.- Así es - replicó Alfonzo - Un simple carpintero que me fabricó unos gabinetes en madera para la cocina empotrada de mi apartamento. ¿Qué les parece?

.- Pues yo no creo que sea ‘un simple carpintero’ - espoleó Monseñor - Porque...¿Cómo explican ustedes que ayer domingo, a las once de la mañana cuando me entregaron esa libreta de ahorros, tenía nada más que dos páginas repletas de depósitos bancarios, y hoy están llenas todas sus páginas? Les advierto que delante de ustedes la metí en el sagrario, el cual cerré con llave también delante de ustedes, y es ahora y aquí cuando lo vuelvo a abrir. Así que, fraude o no fraude... magia o no magia... milagro o no milagro... el asunto es que tanto la libreta como su propietario, este señor Adonay Jinnú, no son nada simples.

.- Monseñor - intervino Martínez Castro - Con todo mi respeto, debo informarle que en la industria financiera y bancaria no creemos en magias ni en milagros, porque este negocio es, en esencia, muy simple: Por un lado entra dinero y por el otro lado sale dinero. En el trayecto de esa simple operación, el Banco se gana una parte de la diferencia entre lo que le damos a los ahorristas y lo que cobramos por prestarlo. Así de fácil, Monseñor. De tal manera que lo que nos debe interesar en estos momentos es verificar la probidad y la fuente de esos depósitos, y no si el señor... ¿Cómo se llama?... Jinnú... Si el señor Jinnú es o no es simple, o complejo, o carpintero o ebanista.

.- Pero doctor... - intervino don Valverde - ¿Y cómo se explican esos asientos en la libreta, de ayer para hoy?

.- En casos como éste, mi querido amigo, se aplica la norma número diez de los reglamentos de las cuentas de ahorro que dice, si me permite leérsela aquí en la página final de la libreta de ahorros: ‘No se reconoce ninguna validez a los asientos enmendados. Toda anotación en la libreta, o el instrumento implementado por el banco, debe ser hecha por la máquina impresora o por el funcionario autorizado por el Banco.

Martínez Castro lo dijo señalando hacia la entrada del salón, en el momento en que el licenciado Gómez Añez, Gerente de Operaciones entraba acompañado con tres de sus ayudantes. Gómez Añez sudaba y retemblaba, no por ser hipoglicémico, sino por los resultados que traía. Eran resultados irrebatibles triplemente verificados: Primero, cotejó el número de la libreta y el número de la cuenta con los archivos del Banco: Coincidían. Segundo, verificó que el nombre, el apellido y el número de la cédula de identidad del titular de la cuenta de ahorros eran los mismos que aparecían en pantalla. Tercero, chequeó y validó todos los depósitos asentados. Este proceso fue el más lento, el más engorroso, pero el esencialmente necesario.

Primero revisó con lupa los asientos en la libreta: Eran genuinos y los números de control, ubicados al final de cada línea de depósito, se correspondían con los números en código de las cajas que el Banco tiene a la disposición del público, bien en el país, bien a través de los bancos afiliados en el mundo. Luego, pasó la libreta por el sensor óptico de la caja - computadora de su oficina y pulsó en el teclado el número de la cuenta: 1020417486. De seguidas, el saldo del último asiento y el código de la última operación. Introdujo su clave y su contraclave de e inmediatamente las claves de acceso a la cuenta matriz ‘sucursales / Agencias’. Cuando transcurrieron los primeros veinticinco segundos y no sonó el timbre chicharroso de la alarma de la computadora, ni en pantalla apareció la leyenda ABORT, Gómez Añez comenzó a sudar porque según la computadora, todo coincidía. Insertó la llave maestra a un costado del computador e introdujo su tercera clave, pero esta vez extrajo la libreta del sensor óptico y pulsó una nueva combinación alfanumérica: Esta vez pondría a prueba todo el sistema, software y satélite incluidos, pues con aquella combinación le pedía al sistema accesar, revisar, cotejar e imprimir todas las transacciones, en todas las oficinas del país y de los bancos afiliados, relacionadas con la cuenta de ahorros de Adonay. Este novedoso acceso le permitiría monitorear en tiempo real y vía satélite, más de doscientos millones de transacciones por segundo, pero pondría fuera de contacto a la sede principal con las demás sucursales.

.- Lorena - llamó Gómez Añez con voz temblorosa - Si te llaman de cualquier sucursal le dices que vamos a estar ‘colgados’ más o menos veinte minutos porque estamos poniendo a prueba y en tiempo real el nuevo sistema. Si alguien me llama, estaré abajo en el sótano, en el Departamento de Computación.

.- Ya lo llamaron, licenciado... De Presidencia, hace como diez minutos.

.- Okey. Llama a Yesenia y le dices que subiré con la información que me pidió el doctor Martínez en pocos minutos.

Y en veinte minutos, las impresoras del Departamento de Computación y Análisis comenzaron a vomitar la información solicitada por Gómez Añez a razón de diez páginas por segundo, cada una, repletas de datos relacionados con los depósitos de la libreta de ahorros. Eran datos cruzados de cuentas centralizadas en la Oficina Principal contra la cual giran todas las oficinas, y además los datos muestran resultados consolidados diarios de los movimientos en la cuenta durante el último semestre. En cinco minutos más, trescientas cuarenta y ocho páginas de datos revelaron una realidad más allá de cualquier duda: En la cuenta de ahorros 1020417486, todos los depósitos coincidían con ingresos a caja, ingresos que estaban reflejados en las entradas a tesoro del Banco, que reflejaban un saldo aún mayor que el que había en la última línea de la última página de la libreta: Ciento diez mil doscientos cincuenta y cinco millones, novecientos sesenta y seis mil ochocientos bolívares fuertes con noventa céntimos. Una cifra impensable e inimaginable, que cuadruplicaba el capital consolidado del banco.

Los traslados de fondos desde las oficinas off-Shore del banco y desde las oficinas de bancos afiliados se habían realizado a través de todas las corresponsalías alrededor del mundo. Había transferencias del Chase Manhattan de New York, de sus oficinas de El Cairo, Riad, Bucarest, Rangún y Bangkok; traspasos de fondos del Trust Ok New England y sus oficinas de Helsinki, Estocolmo, Copenhague, Atenas, Singapur y Cantón. El resto de la emisión de fondos, en dólares pero la mayoría en euros, provenían del Doetch Bank en Alemania, del Banco do Brasil, de la Caixa de Bilbao, en España y una parte en libras esterlinas del Barclays de Inglaterra.

Gómez Añez y sus asistentes estaban ahí, temblorosos frente al temible Martínez Castro, parados en la entrada del Salón de Reuniones de la Presidencia, transpirando un sudor frío que les recorría la espalda hasta empaparle desde los sobacos. Pero Gómez Añez tuvo el aplomo necesario para ocultar su nerviosismo, ni siquiera a través del temblor precariamente controlado de su mano cuando le entregó el resumen ejecutivo de la investigación con los resultados consolidados al Presidente del Banco. Se hizo un escandaloso silencio, apenas interrumpido por el crujir de los pulidísimos cojines de cuero, cada vez que los inquietos publicistas y el no menos inquieto Monseñor se reacomodaban en las incómodas sillas de diseño minimalista.

Martínez castro era un hombre relativamente joven para el cargo de Presidente Ejecutivo de una corporación bancaria centenaria como el Banco Mara. Sin embargo, sus amplios conocimientos de la banca del Siglo XXI, respaldados por una licenciatura en Administración de Empresas, tres maestrías en Finanzas Bancarias y un Doctorado en Planeación Estratégica, eran avales que se unían con una fulgurante hoja de servicios en otros grupos financieros internacionales. Tenía la combinación exacta, a la medida de las actuales necesidades gerenciales de la corporación bancaria: Juventud, liderazgo, conocimientos, experticia y una buena dosis de prudencia. Prudencia en todos sus actos, incluso para expresarse. Nadie, absolutamente nadie en el Banco, ni siquiera en su restringido círculo de amistades, o en su casa, nadie la había escuchado levantar la voz, mucho menos decir una insolencia. Se le conocía por su carácter adusto y su mirada de hielo. Se le juzgaba por lo que hacía que por lo poco que comunicaba. Quienes mantenían un estrecho contacto con él, habían le habían identificado un complejo lenguaje de signos, símbolos, actitudes y conductas, a través del cual podían inferir con un alto grado de acierto, cuál sería su acción. Dentro de la clasificación de ‘problema-grave’ en aquel lenguaje, estaba la actitud que asumió al ver el resultado final de la investigación que le trajo Gómez Añez: Entrelazó las manos, apoyó la barbilla sobre los dedos índice y pulgar, y sin levantar la mirada del fajo de papeles, se recostó lentamente en el respaldar de su mullida butaca, y permaneció así como en trance, en completo silencio. Nadie se atrevió a profanar aquel mutismo durante los primeros quince segundos que duró. Todos se vieron la cara y esperaron un largo, larguísimo minuto, hasta que el doctor Martínez Castro habló:

.- Señores, tengo en mis manos un resultado, que les confieso, es inesperado para mí. Las investigaciones preliminares, la ejecución de los programas de auditoría y control y el seguimiento y verificación de los asientos indican que, efectivamente, la cuenta de ahorros del señor Adonay Jinnú ha pasado satisfactoriamente todos nuestros controles. Pero debo informarles que la cuantía de los fondos y el lapso tan breve durante el cual se han depositado, me produce un desasosiego. De hecho, creo que quizás estamos en presencia de un probable y muy importante testaferro internacional, que surge apenas meses después de la muerte de Alexander Paz, ¿Se recuerdan de él? Era el jefe del Cartel de La Guajira. Este es guajiro como aquél. La mayoría de las transacciones son depósitos en efectivo y en monedas extranjeras. No sé qué decirles, pero con un monto de dinero disponible tan elevado, capitalizado en tan corto tiempo, no puedo pensar en otra respuesta que no sea que Adonay Jinnú es el nuevo Alexander Paz.

.- Pero... ¿Hay algún indicio de eso? ¿Algo que se pueda demostrar que es ilegal?

La pregunta la hizo Monseñor Lucca Von Rütter, ante el silencio colectivo y solidario de los demás para con Martínez Castro.

.- No. Por supuesto que no, Monseñor. Nadie más que yo desea que todo esto no sea lo que parece. Y aun suponiendo que todos esos fondos sean de origen lícito, es preocupante que una cantidad como esa esté a la vista en una cuenta de ahorros. Imagínese lo que pasaría en una hipotética situación si a ese señor se le ocurre retirar todo ese saldo. Aunque es físicamente imposible que se lo pueda llevar en efectivo, la sola emisión del cheque de gerencia colocaría a la corporación en una situación de iliquidez momentánea, pero terriblemente peligrosa. Es más, en los actuales momentos, el Banco es incapaz de respaldar con su patrimonio esa cantidad, porque la gran mayoría de esa masa de dinero está colocada en préstamos, redescuentos, inversiones a plazo en otros países, y en muchísimos instrumentos financieros con los que las instituciones bancarias nos protegemos, bien contra la inflación, bien para apuntalar en sociedad mutual otras actividades.

.- Disculpe si no estoy en lo cierto, doctor Martínez, pero yo no creo que quinientos millones de bolívares fuertes generen una alarma financiera como la que usted nos anuncia.

.- Tiene razón, don Valverde, quinientos millones no, pero ciento diez mil doscientos cincuenta y cinco millones, novecientos sesenta y seis mil ochocientos bolívares fuertes con noventa céntimos es una cifra astronómica que puede poner a temblar, no sólo a una corporación bancaria... ¡A cualquier país latinoamericano! Es el equivalente a la deuda externa de Venezuela y Colombia juntas. Así de grande es el problema que enfrentamos.”

.- Todo... ¿Disponible?

.- Me temo que si, a excepción de los traslados y depósitos efectuados el viernes y hoy lunes, que apenas suman... A ver... Algo más de doscientos millones. El resto es técnicamente exigible. Tiene disponible la totalidad de ciento diez mil cincuenta y cinco millones, novecientos sesenta y seis mil ochocientos bolívares fuertes con noventa céntimos. Miren... - dijo Martínez Castro al levantarse de su cómoda butaca ergonómica y comenzar a dar un breve paseo desde la mesa hacia el inmenso vitral panorámico con vista hacia el Lago de Maracaibo - vamos a hacer algo productivo para todos: ustedes se encargan de hallar al misterioso señor Jinnú y nosotros nos encargaremos de clarificar más los orígenes de esta astronómica cuenta de ahorros.

Mientras Martínez castro se dirigía hacia la puerta del Salón de Conferencias para dar por concluida la reunión, Gómez Añez temía que él sería el último en abandonar el despacho de Presidencia. Muchas y muy convincentes explicaciones le esperaban por dar. Tan sólo tuvo tiempo suficiente para pedirle a Yesenia que llamara a su esposa, para advertirle que esa noche tampoco llegaría temprano. Fueron saliendo uno a uno y mientras don Valverde y su sobrino Alfonzo tejían toda clase de conjeturas camino al ascensor, Monseñor Lucca von Rütter tomaba el sagrario para despedirse del doctor Martínez Castro en la puerta del salón, con estas palabras:

.- Yo como que también me voy para buscar a ese señor Jinnú ¿Quién quita? ¡A lo mejor lo encuentro de buen humor y lo convenzo para que le done a Cabimas unos cuantos milloncitos de esos! Bastante falta que nos hace una donación así, para reparar el acueducto y construir un mollejero de escuelas técnicas.

.- ¿Sin tener clara la procedencia del dinero, Monseñor?

.- A César lo que es de César, mi querido amigo. La moral cristiana y las finanzas bancarias están bastante distanciadas desde la Rerum Novarum, y los sacerdotes hemos demostrado que somos unos pésimos banqueros. Ahí tiene como ejemplo el caso del Ambrosiano, que...

.- Pero son excelentes administradores de dinero ¿No es así?

.- Algunos, doctor Martínez... Algunos curas son los que tienen ese don tan especial, que administran los bienes terrenales con corrección administrativa. Yo no. Yo gasto en la gente pobre, en sus hambres y en sus necesidades, los cobres que me caen, sin medida alguna ¿Sabe por qué? Porque aunque usted no lo crea, mi estimado doctor, hay mucha gente de pueblo que como tres veces... ¡A la semana! Con gente así de necesitada, yo no puedo ejercer, si lo tuviera, el ‘don’ de administrar los bienes terrenales sin esquilmar a nadie.

.- Un ‘don’ no tan raro ni tan exclusivo de la Iglesia ¿No lo cree así, Monseñor?

.- Si. Le concedo razón en eso. Ahora, permita que me retire, porque a estas alturas, mis ‘compañeros de causa’, nuestros amigos publicistas, pueden estar pensando allá en el ascensor que usted y yo estamos planeando abrir una sucursal del Banco Mara con los cobres del misterioso señor Jinnú. Y ya usted sabe cómo es la creatividad de los publicistas... ¡Infinita pero dispersa!

El banquero se quedó con una sonrisa escondida. A Martínez Castro siempre le había agradado la forma simple y densa al mismo tiempo de los planteamientos de Lucca von Rütter, con aquel juego de palabras de doble significado filosófico. A la salida del ascensor los publicistas esperaban al sacerdote para acompañarlo hasta su carro.

.- Bueno - dijo don Valverde - No sé qué pensarán ustedes, pero yo creo que publicitariamente, aquí hay un tronco de negocio.

.- Y con el cobro asegurado - acotó Alfonzo y agregó una mentira más - Imagínate tío, que cuando el señor Jinnú estuvo en mi oficina, me dejó la libreta y me dijo que podíamos disponer de los fondos ¡Y hasta dijo que la próxima vez que nos viéramos, autorizaría mi firma para que pudiese over los fondos a discreción.

.- Y si ‘eso’ es cierto, pues...

.- Verga tío ¿Me va a desautorizar aquí, delante de Monseñor?

.- ¡No me interrumpas! Te digo delante de él que si ‘eso’ es cierto, y mira que lo estoy poniendo seriamente en dudas, pues mayor razón para que localices per-so-nal-men-te al tal señor Jinnú.

.- Tío... ¿Yo? ¿No sería mejor que eso se lo dejásemos a los motorizados de...

.- ¡Alfonzo, no me lleves la contraria! Si te ordeno que lo localices, es porque quiero que seas tú, en persona, quien me responda por esa localización. Así que... ¿Lo vas a buscar, o lo tengo que hacer yo mismo?

.- Entonces - terció Monseñor - ¿Cómo consideran ustedes lo de la libreta? ¿Cómo un ‘milagro’ o como qué?

.- Será un milagro, o lo que el doctor Martínez Castro diga que es. No me importa. Lo que me interesa es que Alfonzo localice ¡Ya! Al señor Jinnú. Después veremos si es un milagro o una magia al estilo de David Cooperfield.

.- El ‘se-ñor Ji-nnú’- comentó Monseñor con ironía- Así que gracias a un mollejero de millones, el ‘tal-A-do-nay’ pasó de ser un carpintero, testaferro del Cartel de La Guajira, a un excéntrico y misterioso millonario. ¡Qué poco ha evolucionado el espíritu humano, desde Herodes El Grande pa’cá!

Aquella reunión sostenida en el Salón de Reuniones de la Presidencia de Banco Mara le recordaba a la que sostuvieron los dignatarios venidos del lejano Oriente con el Rey Herodes, cuando éste les dijo: ‘Id e indagad en mis dominios quién es y dónde está ese Rey de Reyes tan grande y poderoso, y después que lo averigüéis, venid a informármelos, para adorarle yo también.” Tal era la misión de estos modernos ‘reyes magos’ de la publicidad. Y por obra y gracia de la cibernética, el internet y la banca virtual, Adonay se había transformado de ‘el misterioso señor Jinnú y testaferro del Cartel de La Guajira’, a ‘millonario desconocido y mesías financiero’ para todos.

También por el barrio de Ziruma extrañaban a Adonay, no por su prolongada ausencia, a la cual estaban acostumbrados los vecinos, sino por la cantidad inusual de personas extrañas al vecindario que vinieron a buscarle en los últimos días. Durante la semana hubo un desfile de carros lujosos que se estacionaron frente a su rancho sin puertas. A las diez de la mañana del lunes llegó un carro importado, último modelo, azul cobalto, del cual bajó un altísimo hombre rubio con pinta de actor de cine. Caminaba por la acera con el puntilloso cuidado de quien evita ensuciar la suela de sus zapatos. Deambuló de aquí para allá y en las casas donde preguntó por Adonay obtuvo la misma respuesta: ¿Adonay? ¿Quién es ese tipo?... ¿Para qué lo busca?... ¿Usted no es de aquí, verdad? ¿Viene del Norte?... Eran respuestas transmutadas en preguntas, como las que se dan a los extraños para proteger a los habitantes del barrio. Tan sólo alguna que otra mujer dijo más que eso, como las hijas del mecánico Ulacio que le hicieron todo tipo de proposiciones sexuales al gigante rubio. Así, con más pena que gloria, el apuesto representante del Banco Mara se fue del barrio Ziruma sin más información que la que trajo, pues sólo pudo llevarse el barro con el que ensució la fina alfombra color caramelo del piso de su Lexus Imperial.

A media mañana de ese mismo lunes, una caravana de tres vehículos se estacionó en la acera Sur de la casa de Adonay, justo frente a la casa de Lesbia y Gilberto Velázquez. Para el barrio no fue nada espectacular. Tan sólo más gente ‘fina-y-elegante’ preguntando por ‘el señor Jinnú’, y honestamente tampoco a éstos le pudo informar nada, porque en el barrio nadie conocía a Adonay por su apellido. Pero Alfonzo, que integraba la caravana con uno de los carros ‘corporativos’ de La Agencia, fue el único que pudo averiguar algo: Que ‘Jinnú’ es el apellido de un clan de la Alta Guajira muy grande y poderoso, y que por el barrio habían muchos miembros de esa casta, y fue que gracias a esa información que Alfonzo decidió enviar de regreso para La Agencia a Luis Soto y a Andrés Avilés, y le pidió a Natalia Schmidt que se quedara con él indagando por Adonay en las diferentes iglesias católicas del barrio. A las cinco de la tarde, otra caravana de carros rodó por las inmediaciones del ‘rancho sin puertas’. Estos sí tenían el inconfundible aroma policial, y tal vez por coincidencia, o porque así lo decidió alguien para ‘sapear’ esa presencia, por los altoparlantes invisibles que se multiplican como arena por el barrio, pusieron a todo volumen en ese instante uno de los más sonados éxitos musicales de Rubén Blades, y desde la quedado oscura de los ranchos, los bares y las bodegas, el pueblo llano coreó el estribillo de la canción:

“Barrio de guapos, cuidao en la acera. Cuidao camará, que el que no corre vuela”.

Con la presencia de ‘la ley’ por las calles de Ziruma, la gente festejó la ocurrencia del vecino que musicalizó el ambiente del barrio con la canción de Pedro Navaja, y repitió el estribillo de casa en casa, de bodega en bodega, al paso lento del carro de la policía judicial.

El martes fue más de lo mismo, pero el miércoles hubo una novedad que cambió lo que ya se estaba convirtiendo en rutina. A las nueve de la mañana, una cara muy conocida en el barrio asomó por la puerta de un destartalado Celebrity celeste; era el rosto rotundo y colorado de quien fuera alguna vez párroco en el barrio y que ahora oficiaba como Obispo de Cabimas: El cura Rütter... El mismísimo Monseñor Lucca von Rütter. A diferencia de los dos días anteriores, la gente salió de sus casas y en pocos minutos el barrio se volcó hacia las calles congestionando los accesos del Barrio como si se tratara de un mítin político. La gente habló abiertamente con el Obispo y en el patio sin cerca ni puertas del rancho abandonado de Adonay la visita se convirtió en un cabildo abierto.

La gran dificultad para Monseñor consistió en descifrar cuál de aquella cantidad enorme de información contradictoria era cierta y cuánta era falsa, pero sin tomar bando por las versiones y los grupos, cada uno de los cuales le ofrecía una explicación diferente, y a veces totalmente distinta de quién era, qué hacía y por qué estaba allí Adonay. Era imperioso para Monseñor mantenerse al margen de las conjeturas para evitar una parcialización que pudiera provocar un enfrentamiento. Así lo había hecho muchos años antes, cuando fue párroco del barrio y así lo repetía ahora. Por fin, a las once y media de la mañana, Roberto Lucca von Rütter abandonó Ziruma y el largo trayecto hacia Cabimas le permitió digerir el caudal de datos que le dieron los vecinos, para desembocar en lo más relevante: Que este Adonay se había convertido en un líder natural del sector. Que lo respetaban y lo querían a tal extremo que sería casi imposible encontrarle si él se ocultaba o si ellos se negaban a revelar dónde estaba, pues como lo sentenció Wakiria Pushaina, una de las más peligrosas mujeres que lideraban el sector:

.- ¡Chique, de aquí de Ziruma no se llevan a Adonay ni con el Ejército!

Un ejército que en la mayoría de Compañías y Batallones estaba integrado por miembros de familias guajiras.

Para cuando Monseñor llegó al Puente sobre el Lago, fue recordando las historias fantásticas que la plebe le narró de Adonay, en una jornada memorable de cuenta-cuentos, cada uno de los cuales iba tejiendo una historia fabulada de Adonay cada vez más asombrosa que la anterior. Unos aseguraban que Adonay era un ‘wayúu tatünajut’ que venía del cielo para vengar los ‘ainjarrá’ de los ‘alijunas’ criollos de Maracaibo. Otros sostenían su pureza de sangre afirmando que Adonay era un ‘wayúu blanco’ hijo de la luna y del destino, criado por espina Jinnú y enviado a Maracaibo para hacer la revolución guajira y luchar contra los blancos como lo hiciera el Cacique Mara contra los españoles durante los primeros años de la conquista. Pero la historia que más le despertó la inquieta curiosidad fue el hecho, sumamente significativo, de que a Adonay lo reconociesen unánimemente, como ‘piache putchipû’, especie de curandero y palabrero o intermediario, entre los hombres y los espíritus, y eso era de muy alto nivel en el mundo mágico religioso guajiro porque significaba poseer un status de semidiós, muy por encima de los caciques, los palabreros y los curanderos.

El cabildo abierto de los habitantes de Ziruma con Monseñor se había efectuado en la enramada lateral del rancho abandonado de Adonay. Allí, Monseñor escuchó entre muchas historias, dos relacionadas con la capacidad de sanación de Adonay. Ambas historias estaban respaldadas con informes médicos, exámenes, análisis y tomografías, que pretendían soportar, con un ‘antes-y-después’, el presunto milagro. Una de esas historias era la de un joven mestizo a quien se le había diagnosticado un Sarcoma de Kaposi en etapa temprana, curado ‘milagrosamente’ y sin explicación científica posible por Adonay. Otro caso era el de una niña guajira de seis años que nunca pudo caminar, hasta que Adonay la cargó... Padecía de una obturación severa del nervio ciático que le había impedido su desarrollo normal. Inexplicablemente para la ciencia médica, el nervio de la niña se reprodujo instantáneamente el día que Adonay la cargó y ahora la niña correteaba de aquí para allá con otros guajiritos del barrio, y a sus padres se les hacía poco menos que imposible mantenerla quieta o sentada allí en la enramada para que Monseñor la conociese.

Fueron muchos los recuerdos y muchas más las preguntas que se hizo Monseñor durante el trayecto Ziruma – Cabimas. Le inquietaba suponer que en Venezuela tuvieran una versión masculina, real y en permanente estado presente, de las apariciones Virgen. Le preocupaba que todo aquello no fuera más que un auto engaño colectivo, basado en coincidencias y en ese ferviente deseo de encontrar en una figura salvadora, la solución para todos los males y problemas. Mientras cruzaba el magnífico Puente sobre El Lago de Maracaibo, Monseñor se debatía entre la Fe y la praxis:

.- Creer o no creer - parafraseaba mentalmente el monólogo de Hamlet - He ahí el dilema de la salvación.

Ya para el jueves la esquina del rancho sin puertas, la casa de Adonay, tenía permanentemente varias docenas de grupos religiosos permanentemente apostados por las cercanías del rancho. Unos, que se identificaban como ‘los elegidos del maestro Adonay’, vestían completamente de negro y fueron éstos los primeros que comenzaron a difundir historias y leyendas de una presunta misión divina con el fin de crear una mitología básica, como sustrato de una inminente nueva religión; leyendas que fueron replicadas como noticia por la prensa amarillista de la región,. Otro grupo religioso, integrado por iniciados en la Regla de Osha, Tata Nganga, se había instalado en la acera opuesta, y vestían de blanco, luciendo collares multicolores y enarbolando pancartas y pendones donde se podía leer ‘Babalao Adonay, Ifa Adé, Oggunda Kete, omó Oddun’, y un tercer grupo de fanáticos espontáneos, menos ostentoso que los dos primeros pero más numeroso, instaló una ‘Mesa de Oraciones y de Sanaciones’ junto a la enramada de las visitas del rancho. Entre todos transformaron la otrora tranquila y apacible ‘esquina de Las Laras’ del barrio Ziruma en un aquelarre de antiguos cánticos védicos y vaporosos sahumerios para honrar los prasthana trayi; oraciones espiritistas y rayamientos yorubas; misas cristianas, ritos católicos ortodoxos y tântras budistas, y en medio de aquel paroxismo religioso, tres hábiles comerciantes del centro de la ciudad levantaron un pequeño kiosco para la venta de velones, perfumes, estampas y legítimas surah hindúes de fina seda estampada. Pero Adonay no aparecía y eso no sólo que hizo más famoso al ‘rancho sin puertas’, sino que acrecentó la ola especulativa, y en el barrio se llegó a decir -y creer- que ‘El Maestro’ estaba orando en un paraje desconocido a mitad del desierto de la Península de La Guajira, invocando los poderes de ‘Maleiwa’, el dios del bien, con quien tenía un supuesto pacto de curación, y a quien se presumía le estaba solicitando en aquella soledad y con el más absoluto ayuno, más poderes con los que volvería para dirigir a la humanidad hacia un nuevo destino.

En la Agencia de Publicidad se había tomado la decisión de no hacer nada hasta que apareciera Adonay, para corregir y continuar con el plan que había desarrollado Alfonzo el fin de semana anterior. Todos los esfuerzos por encontrarle habían resultado inútiles. Aquel hombre se había evaporado y con él, las pretensiones de Alfonzo de integrar el Comité Central de las agencias en Caracas. Durante esos días, su archi rival había disfrutado haciendo chacota de él con relación a la ‘gran cuenta millonaria’ de un carpintero guajiro desaparecido. En el cotarro de quienes integraban el grupito de Alberto Molina, le preguntaban a éste en voz alta para que lo escuchase Alfonzo:

.- ¿Cómo hará ‘el-que-te-conté’ para hacerle la Estrategia Creativa a un milagro?

Y del grupo salía una sonora carcajada que rebotaba en todos los departamentos de la Agencia.

.- Ajá... ¿Y si le aprueban la campaña y factura esa manada de cobres?

.- Ese podría ser el verdadero milagro - respondía el obeso Molina desde los dos metros de altura - porque si yo fuera Adonay, venido del cielo, al último que buscaría para mi campaña es ‘al-que-te-conté’, porque ese tiene toooooda la colección de pecados. Es tanto, que ese hasta peca dormido.

Y las carcajadas fueron como otro tsunami metiéndose hasta en los más lejanos intersticios de la arquitectura de la Quinta ‘La Rosita’, una augusta casona sesentosa, construida a orillas del lago de Maracaibo como casa vacacional playera, que ahora era la sede de La Agencia. Hacer leña del árbol caído no tiene nada de raro en cualquier agencia, porque el ambiente publicitario es el medio más inhóspito para que florezca la amistad con sinceridad, aunque también se hallan ‘amistades xerófilas’ que subsisten sin necesidad de regarlas con la adulancia y florecen en el momento menos esperado y nos ofrecen los colores más hermosos del desinterés. Fue al mediodía del tercer viernes cuando Adonay se apareció otra vez por La Agencia. La puerta de la recepción estaba abierta y como no encontró allí a la recepcionista, entró calladamente y esperó. Adentro oía claramente las voces y las risas que se entremezclaban con un murmullo apenas audible de alguien que fungía de ‘cuentacuentos’, y de seguidas, el estallido de las carcajadas como un petardo dominguero se regaba como pólvora encendida hasta más allá del Departamento de Administración. Sonó un teléfono en la recepción, de seguidas un segundo y casi inmediatamente un tercero, que alteraron la serenidad de la entrada con tres incesantes repiques de melodías diversas. La recepcionista llegó en una carrera, pero al verle quedó petrificada como Lot viendo hacia Sodoma. La orgía de timbrazos continuaba y desde el interior de La Agencia le gritaron a la muchacha:

.- ¡Coño, contesta esa verga! No vaya a ser un cliente o don Valverde.

Las risotadas continuaban adentro, y los teléfonos sin contestar en la recepción. Hubo otro grito:

.- ¡Que contestéis, coño!

La recepcionista oía pero no podía mover un músculo. Adonay se le acercó y le dijo al oído:

.- Si me dices como manipular esa central telefónica, respondo por ti ¿Te parece?

Arelys, la Jefa de Tráfico y autora de los dos gritos anteriores se asomó por la recepción y al ver a Adonay también palideció, pero en vez de quedar paralizada como la recepcionista, dio media vuelta y se dirigió hacia adentro. Llegó pálida como un papel y sin poder articular palabra. Todos la vieron llegar y sentarse, señalando con un tembloroso dedo hacia la recepción. Uno a uno fueron callando y los que aún no se habían dado cuenta del shock de Arelys callaron a una orden de Molina, quien para ese entonces suponía, guiado por los gestos y las señas de Arelys, que se estaba cometiendo un asalto. Tomó su teléfono celular y llamó a la policía para reportar el asalto y dar las señas de la dirección de La Agencia. Después llamó al Secretario de Gobierno de la Gobernación:

.- Doctor Román, es Molina... De La Agencia de Publicidad. Le informo que nos están asaltando... Sí, acabo de llamar a la policía pero lo llamo a usted para que agilice la presencia de los policías... Aparentemente tienen secuestrada a la recepcionista... No, aquí somos como veinte trabajadores que... No sé, aparentemente están en la recepción y como que no saben que ya sabemos... Sí, me temo que la tienen de rehén. Una de nuestras empleadas fue a la recepción y regresó pálida y...

Arelys intentaba llamar su atención halándolo por la manga de la camisa. Negaba con la cabeza todo lo que Molina estaba diciéndole al Secretario de Gobierno y como no podía articular palabra, sus ojos desorbitados hablaban por ella. Hasta que comenzó a darle de manotazos a Molina, pero el gigante regordete los esquivaba pues los interpretaba como una reacción histérica de la mujer.

.- No se preocupe, doctor Román. Mantendremos la calma hasta que llegue la policía.

A Arelys le regresó el habla, justo en el momento en que Molina cortaba la comunicación, y le dijo con voz apenas audible:

.- No es un asaltante... No es un asaltante...

.- ¿Cuántos son? - le respondía Molina... ¿Cuántos? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuatro?

.- No... No... El que está adentro es...

.- ¿Entonces hay uno adentro y los demás afuera? ¿Dónde los viste? ¿En el estacionamiento?

.- ¡Coño... Noooo... Nooooo... ¡Déjeme hablar, carajo! El que está en la recepción no es ningún asaltante. Es el misterioso señor Jinnú.

.- ¡A la verga! - dijo Molina mientras se tapaba la boca con una mano - Creo que la cagamos

.- “a habrá cagado usted -replicó Arelys - Usted y más nadie porque no me dejó hablar.

.- ¿Yo? Pero si todos vimos cómo llegaste de la recepción: Pálida y sin voz, haciendo más señas que ‘El Penado 14’, como si en la recepción estuviera pasando algo malo...Como un asalto.

.- ¡Verga! ¿Y por qué no esperó a que recuperara el aliento pa’ decirle qué coño había visto, en vez de pelar por ese celular del coño para cagarla como la cagó?

Mientras discutían adentro, Adonay traía a la recepcionista por el brazo. Venían conversando tranquilamente hacia adentro, cuando se escuchó el ulular de sirenas y el estrépito de vidrios rotos por la caída de la primera bomba lacrimógena en la recepción. Toda La Agencia se convirtió en un pandemónium de gritos, carreras y órdenes que salían como de mil altavoces y que penetraban hasta los baños por todas direcciones. Para escapar de la intoxicación, todos los empleados, con Molina a la cabeza, se fueron hacia el patio trasero, y al no obtener respuesta de sus demandas de rendición, el Comandante del operativo policial repitió la última orden:

.- ¡Es la Policía! ¡Suelten a los rehenes y entréguense pacíficamente! ¡Si en treinta segundos no salen con las manos en alto, entraremos por la fuerza!

Desde el patio trasero de la casa, Molina y los empleados gritaban a los policías para que suspendieran la operación del rescate, y la situación no se agravó más porque uno de los policías, intentando rodear la casa para cortarle la fuga por el lago a los presuntos secuestradores, se tropezó con el grupo de empleados y le comunicó a su comandante que todo estaba bajo control. Pasados diez interminables minutos vinieron las explicaciones de rigor, mientras los alterados vecinos y otros trabajadores que regresaban de almorzar integraban un compacto grupo de curiosos detrás del cordón policial con el que se aisló la Agencia.

.- Comandante, todo fue un terrible malentendido- explicaba Molina con el rostro abotargado por la vergüenza Resulta que una de nuestras empleadas fue a contestar los teléfonos de la recepción y como no regresaba y los teléfonos continuaban repicando, entonces sucedió que...

Y por ahí Molina continuó su versión con el relato manido de los hechos, mientras que en las cinco patrullas se embarcaban los veinte policías de la elitista Sección Anti Secuestros, todos ‘embarcados’ en lo que resultó ser un mal simulacro que ni para entrenamiento les sirvió. Cerca de las tres de la tarde, La Agencia entró en cierta normalidad y ya todo el mundo se olvidaba de Adonay cuando éste hizo su segunda aparición del día en la recepción, esta vez desde el patio trasero. Se anunció de nuevo con la recepcionista y pidió hablar con el licenciado Alfonzo Ferrer, pero fue éste quien le buscó en la recepción para ofrecerle disculpas en público por el altercado. Mientras caminaban hacia la espaciosa oficina de la Vicepresidencia, Adonay comentó lo sucedido en estos términos:

.- Realmente desconozco los pormenores de la actividad publicitaria, pero nunca me hubiera imaginado que me darían una bienvenida tan... ¡Creativa!

Fue inevitable que todos, incluso Alfonzo, estallaran en risas y en aplausos. Habían vivido momentos de tensión y aquella interpretación de los acontecimientos fue la válvula de escape que todos necesitaban para drenar las presiones y liberar las angustias vividas.

.- Pase... Pase por aquí señor Jinnú. Estábamos esperándole hace días.

.- ¿Ah, si?

.- Bueno, a decir verdad, lo estuvimos buscando por toda la ciudad.

.- ¿Algún problema con los closets?

.- No, no es por eso...

.- ¿Quedó algo mal hecho en los gabinetes de su cocina?

.- Este.... No... No lo estaba buscando tampoco por eso... ¿Por qué no pasa a mi oficina? Allí podremos conversar sobre...

.- ¿Dije algo inconveniente la última vez que estuve aquí?

.- No... No... Más bien usted...

.- ¿Serán suficientes los fondos de la libreta de ahorros?

.- ¡Por Dios, Adonay! Usted sabe ques i, pero...

.- Si me buscaba ¿Por qué no me encontró si estaba tan cerca de usted?

.- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Dónde?

.- Si, bien cerca... ‘Aunque Usted No Lo Crea’, como dice su amigo Ripley.

.- Mire señor Jinnú, ¿Qué le parece si entramos definitivamente en mi oficina para que podamos conversar sobre ‘eso’ y sobre la campaña?

.- Me parece bien.

.- Bueno... Siéntese aquí y me espera cinco minutos. Voy a convocar a un Comité Ejecutivo... Usted sabe... La gente de primera línea en La Agencia, para que usted nos pueda dar de primera mano todo el ‘breaffing’ necesario para elaborar una ‘plataforma ideológica’, que a su vez sirva de sustento a una ‘estrategia creativa’ y un ‘plan de medios’, con los que nuestros creativos y ejecutivos de medios podrán...

Mientras Alfonzo vomitaba aquellas arquetipadas frases que se había aprendido de memoria para estos casos, sus manos pulsaban media docena de teclas en su celular. Pocos minutos después, en el Salón de Conferencias de la Presidencia de La Agencia, se iniciaba lo que pomposamente definió Alfonzo como ‘una reunión histórica’. Estaba presidida por don Valverde por su condición de Presidente de la empresa y accionista mayoritario. El salón de conferencias era un amplio salón rectangular ubicado en la planta alta de la casa, justo a mano izquierda de la desembocadura de la incómoda escalera de caracol. Era un espacio grande y cómodo que contaba con los más modernos artilugios para la presentación audiovisual, como aquel televisor gigante de 204 pulgadas y de alta resolución que colgaba a espaldas de don Valverde como una obra de arte. Allí estaban todos los convocados, a excepción de Alfonzo y Adonay. Estaban ubicados estratégicamente alrededor de una imponente mesa de nogal y palorosa con forma de ‘u’, a cuya cabeza estaba don Valverde. A mano derecha de éste, Sergio Calderón, Alberto Molina y Ernesto Paz. Por el flanco izquierdo se sentaron Alfonzo Ferrer, Luis Soto, Simón Arias, Natalia y Andrés Avilés. Para Adonay se destinó una rústica mesa independiente colocada frente a don Valverde que asumía con dramática compostura la presidencia de aquel tribunal inquisitivo. Si algún militar hubiera visto aquella distribución de espacios y personas no hubiera dudado en relacionarla con un movimiento de tropas llamado ‘táctica de pinzas’, utilizada con todo acierto en las más importantes movilizaciones militares, como en las Islas Malvinas (Falkland, para los ingleses), o como en el rescate de Kuwait durante la operación ‘Tormenta del Desierto’. De tal manera que allí estaba un Adonay sereno, serenísimo, como punto central de una reunión, cuyo bombardeo se inició, como era de esperarse, desde el portaviones presidencial.

.- Para nuestra Agencia - abrió fuegos don Valverde - y en particular para mí, es un reto haber sido seleccionados por usted para llevar a feliz término una campaña publicitaria de características tan singulares, y es por eso que estamos aquí reunidos, para ponernos a sus gratas órdenes y también para afinar ciertos detalles. Antes que nada, permítame presentarles a las personas que integrarán el equipo que trabajará sin descanso y en exclusiva para usted:

De seguidas, comenzó con las presentaciones de rigor, comenzando por los que estaban a la derecha suya. Extrañamente, además de mencionar el nombre y el cargo de la persona señalada, hizo una breve sinopsis curricular. Esta presentación consumió más tres cuartos de hora y terminó con una brevísima auto presentación:

.- Y yo soy, mi estimado amigo Jinnú, el Presidente de ésta su casa desde hoy.

Adonay permanecía callado, pero no serio. Los veía y se divertía en silencio. Tenía la expresión de felicidad que suelen tener los padres cuando asisten a una presentación teatral en la escuela de sus hijos. Cuando don Valverde terminó su auto presentación, Adonay se paró de la silla sin mostrar disgusto alguno, justo en el momento en que Alfonzo iba a tomar la palabra para hacer un recuento de lo sucedido hasta ese momento. Se dirigió hacia la puerta del salón prodigando una amable sonrisa a todos y entre saludos y sonrisas se dirigió a la puerta. Fue hasta el otro gran salón, contiguo de aquél y se presentó informalmente a los Ejecutivos de Cuenta y al resto del personal que estaba allí, y a cada uno preguntó por su primer nombre, la fecha y lugar de nacimiento, la función de cada cual en la Agencia, y en pocos minutos todos le rodearon y conversaron con él en franca camaradería. Luego bajó por las escaleras seguido por el grupo, y abajo se repitió la presentación individualizada a cada uno de los otros empleados y todos juntos con él, los de arriba y los de abajo, le acompañaron hasta el fresco patio trasero, sombreado por altísimas y centenarias palmeras de coco que antecedían a un malecón construido por el padre de don Valverde, cuando la casa no era la espaciosa casona de dos pisos de ahora, sino un humilde rancho orillero donde los doce hijos de don Acacio Valverde tejían chinchorros de pescadores unos, mientras otros le acompañaban de madrugada en las faenas pesqueras, el único sustento con el que el sólido y tenaz Acacio levantó a su prole.

Y sin poses pre estudiadas ni melindres de falsa erudición, continuó conversando con aquel grupo heterogéneo de más de cincuenta empleados, no sólo de asuntos triviales, sino de sus vidas, de sus proyectos, de sus esperanzas. Todos fueron atraídos por él como por un imán de carne y hueso. A ninguno pidió seguirle, pero todos sintieron que aquel misterioso personaje formaba parte de sus vidas, íntima e intensamente, como si le conocieran hace muchos años.

Arriba en el Salón de Conferencias se habían quedado estupefactos con la salida silenciosa de Adonay e ignoraban lo que estaba sucediendo en La Agencia. Al principio asumieron que Adonay necesitaba ir al baño, y barajando la hipótesis de esa ausencia, don Valverde comentó que Adonay le parecía muy desenvuelto para ser ‘un simple carpintero’, y concluyó sus apreciaciones iniciales con una advertencia para los presentes:

.- Cuando regrese, no quiero que nadie mencione la libreta de ahorros, ni se sugiera nada en relación con el dinero, mucho menos mencionar la palabra ‘milagro’. El que mencione ‘ahorro’, ‘dinero’ o ‘milagro’ se me levanta de la mesa y se me va para su casa a esperar su liquidación, porque estará botado ‘ipso-facto’ ¿Quedó bien claro?

Un ‘si’ verbal y gestual selló el compromiso, pero al paso de los minutos se inquietaron por la tardanza de Adonay y encomendaron a Andrés Avilés, el pastor evangélico, para que averiguase qué le había ocurrido a Adonay en el baño. A los pocos minutos reapareció Andrés a las puertas del Salón de Conferencia con la noticia:

.- Don Valverde, será mejor que se asomen hacia el patio.

Todos corrieron hacia el amplio ventanal de la planta alta y vieron que todos los empleados de La Agencia rodeaban a Adonay. Don Valverde abrió uno de los ventanales y Aonay le habló desde abajo:

.- Aquí estamos todos, don Valverde ¿Se fija, licenciado Ferrer? A esto es a lo que yo me refería cuando conversé con usted semanas atrás. Yo necesito hacer este tipo de convocatoria, pero a nivel mundial. Si ustedes están de acuerdo, la misión que les encomiendo consiste en servir de portavoz de los deseos de Él” -dijo, señalando hacia el cielo - “Para que me ayuden a transmitir un mensaje conocido, bien conocido por todos, que fue manifestado por Juan en El Libro de Las Revelaciones, por lo que no necesitan que yo les diga qué quiero comunicar, ya que la esencia de mi mensaje está escrita allí. Aunque... pensándolo bien, tal vez necesiten de cierta ayuda, como la Fe y la sencillez espiritual de personas como sus empleados.

Dicho esto, colocó su mano sobre la cabeza de los que estaban acompañándole en el patio de las palmeras y se fue retirando pausadamente. Eran casi las seis de la tarde de aquel tercer viernes cuando los empleados regresaron a sus lugares de trabajo en La Agencia, sólo para recoger escritorios, apagar luces y dar inicio a un fin de semana que sería diferente. Mientras los grupos de empleados se dirigían al estacionamiento comenzaron los comentarios. Todos distintos. Unos ciertos. Otros comenzaban a fabularse. Pero todos coincidieron en uno nada más: El fuerte olor a rosas que se impregnó hasta en sus ropas tras la ida de Adonay. En el Salón de Conferencias quedó un ‘petit comité’ de los Vicepresidente, encabezado por don Valverde:

.- Sugiero que nos quedemos aquí hasta tomar una determinación con relación al misterioso señor Jinnú - ordenó don Valverde.

.- Yo creo que tenemos más que un reto publicitario, como bien lo describiste hace poco, tío. Tenemos en nuestras manos una cuenta que va a traer incalculables beneficios a La Agencia, porque...

.- Ya va... Un momentico... – le interrumpió Alberto Molina - Nos estamos apresurando al aceptar que ese charlatán tiene...

.- ¿Charlatán? - le interrumpió Alfonzo, poniéndoe de pie y enfurruñando el bigote - ¿Cómo te atreves a juzgar de ‘charlatán’ a ese señor sin conocerle como lo conozco yo - mintió - y sin saber nada de él o de su campaña? Tu posición es un exabrupto, como la recepción que le diste hace tres horas... Una recepción ‘bien explosiva’ si se me permite el símil, basada en otro de tus juicios equivocados. Antes lo creíste un asaltante. Ahora lo tachas de charlatán... ¿No será que lo juzgas por tu propia condición?

Molina también se puso de pie, como impelido por un resorte, y sus más de dos metros de altura y sus doscientos kilos de peso hicieron sombra sobre la mesa de palorosa.

.- ¡Alfonzo, retire inmediatamente lo que ha dicho! Y se disculpa, porque yo no voy a permitir que...

.- ¡Ya está! ¡Se me callan y se me sientan ahora mismo los dos! - tronó Júpiter en la voz de barítono de don Valverde - Esto no es un ring de boxeo ni una cantina de ficheras baratas. En primer lugar, Alberto tiene algo de razón: Esto hay que tomarlo con calma y cualquier decisión debe ser bien pensada, pero también es una temeridad tuya, Alberto, la de juzgar así al señor Jinnú. Para tu información, ese ‘charlatán’ como tú le llamas, nos ha puesto en las manos una cuenta que ya sobrepasa los mil quinientos millones de dólares. Si... Si... No pongas esa cara de incrédulo. Escuchaste bien: Mil-quinientos-millones. Y de dólares. Esta mañana tuve una reunión privada con el doctor Martínez Castro en su oficina del Banco Mara y me confirmó que la procedencia de todos los depósitos habían sido investigados por Interpol y la DEA y no habían podido establecer ni un solo lazo, accidental o indirecto de los depositantes, que son miles alrededor de todo el mundo, con cualquiera de las organizaciones terroristas que operan en el mundo, como tampoco con alguna persona relacionada directa o indirectamente con los carteles de la droga en Latinoamérica. Nada. Absolutamente nada. El dinero es limpio y de procedencia legal. Lo único que convierte a la cuenta en algo sospechoso es el monto y el volumen de depósitos, que aumenta a razón de un millón de transacciones por día

.- ¿Y cuál es nuestro papel? ¿Qué es lo que este hombre espera de nosotros?

La pregunta del Vicepresidente Administrativo de La Agencia a su Presidente, ponía el dedo en la llaga y replanteaba el problema en su esencia moral, más allá de lo ético-profesional. Pero fue Alfonzo Ferrer quien le respondió:

.- El señor Jinnú quiere que le orquestemos una campaña publicitaria a nivel mundial, en la que se diga que el tiempo del juicio Final se acerca y que él, Adonay, es algo así como un mensajero de Dios, que viene anunciando el final de los tiempos.

.- ¡No puedo creer lo que estoy escuchando! - interrumpió el gigante Alberto Molina antes de que Alfonzo entrara a pontificar, como solía hacerlo, sobre la naturaleza de la campaña, los objetivos mercadotécnicos y los márgenes de utilidad bruta y neta - ¿Pero qué está pasando aquí? ¿Acaso creen verdaderamente que ese payaso con cobres es un ‘enviado’ de Dios?

.- ¡Sí! Y tal vez sea el Primer Ángel del Apocalipsis! -intervino Andrés Avilés desde la lejana puerta del Salón de Conferencias, ejerciendo la autoridad de pastor evangélico, autoridad que casi nadie le reconocía, pero que todos le respetaban.

Todos voltearon, sorprendidos, porque no esperaban aquella intervención, mucho menos a esa hora cuando suponían que todo el personal se había retirado. Andrés aprovechó el silencio que generó su sorpresiva e inesperada intervención para continuar con el planteamiento. Comenzó recordándoles su vocación de pastor evangélico, de que si bien habían tenido diferencias por su fe, hoy no dudaba que ellos estaban más confundidos que nunca y que su presencia allí, en ese momento, era más que necesaria para ayudarles a despejar las ideas imprecisas y ambiguas que se agolpaban en sus corazones.

.- Para mí, Adonay es un ángel

Lentamente, Andrés se fue acercando hacia el gran mesón de la Sala de Conferencias y al llegar fue bombardeado, sin aviso ni protesto, por Molina:

.- ¿Un ángel humano? ¿Y tú crees que porque eres un Pastor Evangélico... o lo que sea... nos vamos a tragar esa definición, sólo porque tú lo dices y ya está?

.- Pues sí. Sostengo que es un ‘ángel humano’ y eso no es nada extraño, porque hasta los días que precedieron a la primera venida de Jesús, le estaba permitido a los ángeles ser encomenderos divinos, algo así como intermediarios entre los hombres y La Palabra. Pero esa función cesó cuando le fue asignada a La Iglesia, desde el mismo momento en que Jesús la erigió con sus apóstoles, ordenándoles llevar la buena nueva de Su misión. La incredulidad del señor Molina es entendible porque hoy nos encontramos con una iglesia prostituida, dividida y terrenalizada, y es por eso que hoy día, la religión se confunde con mitología, espiritismo y magia, formándose un revoltijo que se mezcla groseramente en el alma de los hombres. Tal vez... Y digo que tal vez, este Adonay podría ser un enviado de La Palabra, un ángel enviado para rectificar rumbos. En él he sentido una presencia mística sobrenatural, y aunque bíblicamente pudiera considerarse una apostasía darle a un hombre una fenomenología divina, también es cierto que en ese hombre se reúnen las características de los mensajeros que anunciarán la segunda venida de Jesús, tal y como se describe en la Biblia.

El pastor evangélico calló. Dio media vuelta y se alejó del salón de conferencias dando por concluida la discusión que Molina pretendía iniciar. A su ida, Alfonzo retomó la palabra conciliatoriamente:

.- Yo estuve elaborando un plan publicitario y aquí les traigo las copias, para que el Comité las analice y se pronuncie. Creo que si estudiamos a fondo las perspectivas y la inversión de medios, que está asegurada, con ángel o sin ángel... con o sin apocalipsis, nosotros podremos elaborar una de las más importantes campañas en la historia de la publicidad, que quizás...

.- Que quizás se convierta en uno de los ridículos más espectaculares” - cortó secamente Alberto Molina - Insisto en que es necesario tener sindéresis profesional. Ya veo que Alfonzo no sabe a qué me refiero... te explico: Somos publicistas de productos, bienes y servicios. Esto es ‘algo’ nuevo, distinto a lo que hemos realizado durante los últimos 15 años... Es más una campaña más que publicitaria: Propagandística. Y si es cierto que en el pasado reciente hemos realizado campañas electorales para Presidentes de la República, Gobernadores y Alcaldes, éstas se han limitado exclusivamente al aspecto proselitista de la búsqueda de votos. Esto es totalmente diferente. Ahora, si el Comité Ejecutivo decide que ganarnos una masa descomunal de dinero es más importante que proteger nuestro prestigio profesional, desde ya les anuncio que salvo mi voto, porque no voy a convalidar el comienzo del fin de una empresa que apenas, en los últimos tres años, comienza a ser reconocida como una de las 5 ‘grandes’ del país.

El Vicepresidente Creativo mencionó dos palabras clave: ‘ridículo’ y ‘prestigio’. Dos palabras que siempre habían operado como un freno eficaz cada vez que don Valverde se disponía a iniciar alguna empresa de alto riesgo, a la cual no estaba de acuerdo Alberto Molina. Temeroso del ‘qué-dirán’, y a sabiendas de lo fácil que es caer en descrédito en el ambiente publicitario, don Valverde aceptó el planteamiento de Molina, pero esta vez no desestimuló a su sobrino:

.- Bueno... Bueno... Ya lo tengo decidido - dijo don Valverde mientras se servía una generosa porción de Old Parr sobre ‘dos-piedras’ de hielo en su exclusivo vaso corto de cristal Swarovski - Alfonzo, tú te harás responsable de la cuenta. Para el lunes que viene presentarás el programa publicitario completo, son la estrategia de mercadeo, la estrategia creativa y el plan de inversión en lo medios.

.- ¿Para el lunes? Pero tío, yo tenía planificado salir en el yate mañana sábado para hacer un casting de modelos para la campaña de Macro Mail en las playas de la isla de San Carlos. Ya lo tenía todo preparado: Los fotógrafos, el camarógrafo, las modelos... Todo. ¿No sería mejor sostener otra entrevista con el señor Jinnú para...

.- ¡Excelente idea! También harás esa segunda entrevista, pero el fin de semana te quiero metido en tu apartamento, elaborando las estrategias y el plan. A propósito de plan... También te vas a contactar en Caracas con nuestra gente de investigación de mercados, para que te diseñen, también en este fin de semana, un protocolo de sondeo de opinión, así que por lo que veo, no tendrás tiempo para ningún casting, en ningún yate. Y como no hay tiempo para suspender ese evento, me encargaré personalmente de que se realice. Señores, se levanta este Comité.

Mientras Alfonzo Ferrer y Alberto Molina se levantaban de la mesa con victorias y derrotas para ambos, don Valverde le entregada a Sergio los soportes de gastos que ocasionó su más reciente viaje a Sídney y se enfrascaban, como siempre, en la revisión de los estados financieros de La Agencia. Afuera, en la recepción, Yadira la secretaria privada de don Valverde, retuvo a Alfonzo. Tenía una llamada en espera por más de quince minutos:

.- ¿Quién es?

.- La misma persona de siempre. Tiene quince minutos de espera. ¿Le vas a atender?

.- Rebótame la llamada a mi celular.

.- Ahí te va.

.- ¿Aló?

.- Alfonzo, ¿Puedes hablar conmigo?

.- Rosi... Rosi, por favor. Este no es el mejor momento.

.- ¡Alfonzo te necesito! Te necesito aquí y ahora. Es urgente.

.- No puedo. Estoy saliendo del Comité y...

.- Estoy en tu oficina... Y estoy desnuda... Anda, ven mi amor. Ven, que te necesito ahora más que nunca ¿Si?

.- ¡Coño, Rosi! ¡No! Ahora no tengo tiempo para jueguitos sexuales. Mejor te vas para tu casa y esperas que te llame para que... ¿Aló?... ¿Rosi?... ¡Rosi!

Le había colgado el teléfono al oír que posponía, otra vez, un encuentro que para ella era urgente, vital. Tenía hambre de sexo. Hambre de ser poseída y penetrada ahora y allí mismo, y como en ocasiones anteriores, le había pedido sexo a Alfonzo dulcemente, como una gatita en celo, un pedimento negado que la dejaba en una postración que le causaba un dolor intenso e imperdonable. En momentos como este, la rabia y la impotencia de Alfonzo le producían una terrible sensación de soledad. Quería irse de allí. Renunciar a su cargo en La Agencia. Renunciar a él como amante. Renunciar a su pasado y convertirse en otra persona, totalmente diferente y renovada. Sentir que lo vivido hasta ese instante no había sido más que una terrible pesadilla y que despertaría en cualquier momento totalmente descansada, libre, nueva...

Desde las dos de la madrugada del sábado, Adonay estaba sentado en un butacón de madera y cuero, al frente de su rancho sin puertas, esperando tranquilamente el amanecer ahora que los mercaderes de la fe habían abandonado el barrio y la Esquina de Las Laras había recobrado la tranquilidad de siempre. Sin embargo, la noche anterior la pasó en vela, atendiendo a una multitud de personas que llegaban a su rancho en oleadas. A todos había atendido con el afecto y la calidez de un padre que recién regresa de un largo viaje. Desde que se marchó el último de los vecinos, como a media noche, Adonay estaba en aquel butaque, cansado pero sin sueño. Y sentado así, con la espalda pegada al bahareque del rancho le sorprendió la claridad agresiva de ua mañana de sol violento.

Desde su rancho hasta el apartamento de Alfonzo Ferrer, la distancia no era importante si se iba en carro, pero a Adonay le consumió hora y media de una marcha fuerte y sostenida. Tocó dos veces el intercomunicador del apartamento 2-B del edificio ‘Anguila’ y esperó pacientemente. Diez minutos más tarde volvió a pulsar el intercomunicador, y del aparato incrustado en la pared de mármol brotó una voz áspera, nasal y agresiva:

.- ¡Quién es!

.- ¿Hablo con el licenciado Ferrer?

.- Si ¿Quién lo solicita?

.- Es Adonay, licenciado ¿Me permite subir?

Se hizo un silencio momentáneo y la voz de Alfonzo cambió de timbre, de intensidad. Pero las carrasperas que le producía el nerviosismo por lo inesperado, similares a la perturbación que le provocaba la sola presencia de si tío don Valverde, delataron el estado de su sorpresa.

.- Si... Por supuesto que si... Espere que me vista... En minutos bajo para abrirle el portón... No se vaya a ir... ¿Me escucha?

.- No se preocupe, licenciado. Aquí abajo lo espero. Tómese su tiempo.

Pero en ese mismo momento una vecina del mismo edificio salía y para evitarle a Alfonzo la molestia de bajar para abrirle, decidió entrar y subir al segundo piso. Subió por las escaleras y encontró a Alfonzo en la puerta del apartamento despidiéndose románticamente de una mujer, la que al voltear para dirigirse hacia el ascensor, quedó petrificada al toparse frente a frente con Adonay. Alfonzo se dio cuenta de inmediato que la presencia de Adonay había perturbado enormemente a su amiga y se adelantó en el saludo para distender la situación

.- Buenos días... Ya bajaba para abrirle la puerta ¿Cómo entró?

.- “Buenos días, licenciado. Pude entrar porque una de sus vecinas me abrió la puerta. Buenos días pata ti también, Janet ¿Cómo has estado?

.- Bbbbuenos... días... - titubeó Janet - “¿Qué haces tú por aquí?

.- Vengo a ver a un amigo, que al parecer tenemos en común ¿No es así, licenciado? Y tú ¿Vas o vienes?

.- ¿Ustedes dos como que se conocen? - intervino Alfonzo para interrumpir aquel cruce de miradas intensas.

.- ¡Si, nos conocemos! - ratificó Janet y sin mediar más comentarios, ni siquiera una despedida, le dio la espalda a los dos hombres y se montó apresuradamente en el ascensor.

Los dos hombres se quedaron viendo cómo Janet ingresaba en el ascensor y cuando las puertas se cerraron un espeso silencio los envolvió. El primero en romperlo fue Alfonzo:

.- Cada día que pasa, usted me sorprende más ¿De dónde conoce usted a Janet?

.- Pues fíjese que yo también opino lo mismo de usted ¿Cómo conoció usted a esa mujer?

.- Será mejor que entremos para conversar adentro.

Adonay entró y recorrió la sala y el bar con una rápida mirada. Alfonzo caminó apresuradamente hacia el cuarto. Estaba en ropa interior y aquella visita inesperada obligaba a modificar el ‘deshabillé’ por un look más comedido.

.- Responda usted primero - propuso Alfonzo mientras se vestía en la habitación - Me causa extrañeza que usted conozca a Janet... No es nada malo... Sólo curiosidad

Para complacerle, Adonay aceptó informarle cómo la conoció, y comenzó por decirle que la había conocido en circunstancias un tanto irregulares, una madrugada de sábado, fin de mes, cuando unos policías efectuaban una redada por el mercado de Las Pulgas y arremetieron contra todo el mundo allí, incluso contra él y Janet.

.- Pero pasemos a nuestro asunto, licenciado. Ya tendremos más tiempo y otra oportunidad para conversar sobre Janet, preferiblemente cuando ella esté presente ¿Qué le parece?

Alfonzo le respondió desde la habitación

.- ¿Sabe una cosa, Adonay? Yo tenía que localizarle hoy para finiquitar algunos detalles para su campaña, así que ha resultado ser una bendición del cielo que usted haya aparecido por aquí.

.- ¡Amén!

.- ¿Qué dijo? Perdone que no le escuche bien, pero me estoy dando una ducha.

.- No se preocupe... No dije nada trascendente... Estoy de acuerdo con usted.

Durante las siguientes ocho horas, ambos trabajaron frenéticamente en el diseño estratégico de la gran campaña de Adonay, y con la participación de Simón, a quien llamaron a media mañana para que se integrara al equipo, pudieron tener lista, también, la estrategia creativa y un bosquejo inicial de los textos para prensa, radio, televisión y vallas. Para el plan de medios decidieron colocar el mayor esfuerzo en la televisión, con mensajes ‘globalizados’ para que las imágenes lo dijeran todo para evitar el complicado asunto de la traducción y sus interpretaciones erróneas.

.- ¡Globalización, Alfonzo! - argumentaba Simón - Tenemos que crear un mensaje groseramente sencillo, de fácil recordación y válido para miles de millones de personas, sin distingos de cultura, edad o condición social.

.- Estoy de acuerdo - replicaba Alfonzo - ¿Y cuál sería la ‘promesa básica’? ¿Cuál la ‘proposición única de ventas’?

.- Amigos... Amigos... ¿Por qué le dan tantas vueltas a un asunto tan sencillo? La palabra de Dios hay que decirla, tal y como está escrita en todos los libros sagrados.

.- Bueno... Por aquí yo tengo una Biblia que...

.- Que no te será muy útil, porque además de tener ‘editada’ La Palabra de Dios, la secuestra. La Biblia, también llamada Santa, es el libro sagrado o Escrituras de judíos cristianos. Sin embargo, las Biblias del judaísmo y del cristianismo difieren en varios aspectos importantes. La Biblia judía, que llaman Torah, son las escrituras hebreas en 39 textos sagrados, redactados originalmente en hebreo, a excepción de unas pocas partes que fueron redactadas en arameo. La Biblia cristiana consta de dos partes: el Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento. Las dos principales ramas del cristianismo estructuran el Antiguo Testamento de modo algo diferente. La exégesis del Antiguo Testamento leída por los católicos es la Biblia del judaísmo más otros siete libros y adiciones. Debes tomar en cuenta que algunos de los libros adicionales fueron escritos en su versión primitiva en griego, al igual que el Nuevo Testamento. Por su parte, la traducción protestante del Antiguo Testamento se limita a los 39 libros de la Biblia judía. Los demás libros y adiciones son denominados apócrifos por los protestantes, y libros deuterocanónicos por los católicos. El término Biblia llegó al latín del griego biblia o 'libros', forma diminutiva de byblos, el término para 'papiro' o 'papel' que se exportaba desde el antiguo puerto fenicio de Biblos. En la edad media, los libros de la Biblia eran considerados como una entidad unificada. Además de La Biblia, deben tener a la mano otros libros tan sagrados como...

.- ¿Cómo cuáles? - preguntó Alfonzo con la ironía que se sustenta en la ignorancia.

.- Un breve repaso nos obligaría a tener a la mano los Libros Apócrifos, palabra griega que significa ‘ocultos’. Esta denominación apócrifa está dada a los escritos de tema bíblico aparecidos en los primeros siglos de la era cristiana, pero que no se consideran inspirados y en consecuencia, no se incluyeron en el canon de la Biblia. Dentro de toda esta literatura, los católicos y los ortodoxos distinguen ciertos libros, que denominan deuterocanónicos. Los protestantes distinguen a su vez otros libros, los denominados pseudoepígrafos, que para los católicos son libros apócrifos. Con la ampliación de los horizontes históricos en los estudios bíblicos que se produjo en tu siglo XIX, comenzó a reconocerse el valor de los textos llamados apócrifos como fuentes históricas. Escritos entre el 300 a.C. hasta el Nuevo Testamento, los Apócrifos arrojaron una valiosa luz sobre el periodo que comprende desde el final de las narraciones del Antiguo Testamento hasta el inicio del Nuevo Testamento. Son además importantes fuentes de información acerca del desarrollo de la creencia en la inmortalidad, la resurrección y otros temas escatológicos, así como de la creciente influencia de las ideas helenistas sobre el judaísmo. También deberías tener por ahí, para una consulta rápida, el Bardo Todol, el libro tibetano de los espíritus del más allá, que es considerada una guía espiritual de iniciación en lo desconocido.

.- El Bardo Todol es otro de los libros fundamentales. Contiene una sección llamada Libro Tibetano de los muertos, que relata los procesos del alma después de la muerte y contiene tratados de cómo se regresa a tomar nuevamente el cuerpo y de cómo emanciparse de la rueda del samsara, lo cual les será muy útil para explicarle a mil doscientos millones de creyentes hindúes la maravillosa resurrección y transformación del cuerpo físico de Jesús, en un cuerpo místico.

.- Entre otros textos, no veo en tu biblioteca el Bhagavad Gita, conocido en la India como El canto del Señor, poema sánscrito compuesto por 700 versos y dividido en 18 capítulos, considerado por la mayoría de los hindúes como su texto religioso más importante y esencia misma de sus creencias. Casi todos los filósofos hindúes importantes han escrito algún comentario sobre el Gita, y aún continúan apareciendo nuevas interpretaciones y traducciones de esta obra. El Gita, que está incluido en el Libro VI del poema épico sánscrito Mahabharata, fue escrito en forma de diálogo entre la encarnación del dios Krishna y un héroe humano, el príncipe Arjuna, en el campo santo de Kurukshetra, antes de la gran batalla de Mahabharata. Arjuna expresa su indecisión a la hora de entablar batalla contra amigos y parientes. La respuesta de Krishna es una exhortación para que Arjuna cumpla su deber, es decir que como guerrero que es, debe luchar y matar. Krishna, a continuación, explica la naturaleza del alma, el camino verdadero para llegar al Absoluto. El Gita recoge diversas doctrinas como la inmortalidad del yo del individuo (atmán) y su identidad con la deidad suprema (brahman), el proceso de la reencarnación y la necesidad de renunciar a los frutos de la propia acción personal, estableciendo las principales enseñanzas de las upanishads y la filosofía de Sankhya. El espíritu (purusha) y la materia o naturaleza (prakriti), que se divide en la triple tendencia de bondad, pasión y oscuridad, son complementarios. Krishna reconcilia las afirmaciones opuestas de sacrificio y deber mundano, por un lado, con la meditación y renuncia por otro, a través de la devoción a Dios. Este Dios aparece en un breve pasaje bajo su forma terrorífica de día del juicio final antes de transformarse en la forma humana compasiva de Krishna. Con la debida interpretación de este texto les podrán advertir la significación karmática de mi presencia.

.- Tampoco encuentro aquí El Corán, la palabra sagrada que la cultura árabe llama, al-Qur’ān, una forma arabizada de origen sirio. El Corán es un texto sagrado islamita que identifica a La Palabra como 'leída' o 'recitada', y se aplica al libro que contiene lo que para los musulmanes fueron una serie de revelaciones de Allah a Mahoma, susurradas –o cantadas, sostienen los ortodoxos del Islam- por el Arcángel Gabriel, antes de la célebre marcha de La Meca a al-Madinah, que ocurrió durante las primeras décadas de tu siglo VII. La lectura de El Corán les revelará a un Jesús distinto y una visión aparentemente diferente pero igual de exacta sobre los tiempos que están por venir.

Adonay continuó apabullándolos con su conocimiento, mientras en licenciado Ferrer continuaba atónito y abrumado:

.- Sería bien aleccionador que tuviéramos también el Libro de Enoc, una colección de escritos y la obra más larga incluida en los pseudoepígrafos. El libro se atribuye como un seudónimo del patriarca hebreo Enoc. Se lo denomina también Enoc Etíope, ya que los textos se han conservado en su integridad sólo en etíope, un idioma arcaico semita hablado en Etiopía. El libro es un conjunto de diversas secciones escritas por varios autores, en distintos momentos de los siglos II y I a.C. Los especialistas han llegado a la conclusión de que la obra original fue escrita en hebreo o en arameo. Poco después se tradujo al griego. Se cree que la traslación al etíope se realizó a partir del griego, en torno al año 500 de tu Era. Partes del Enoc Etíope sobreviven en griego, latín y arameo, como los manuscritos descubiertos en Qumram, Jordania. El Libro de Enoc consta de siete secciones. La primera, que incluye los capítulos 1 al 5, presenta el tema de fondo del libro, el inminente juicio de Dios. La segunda sección abarca los capítulos 6 al 36, cuenta las desventuras de la horda de ángeles caídos y de los recorridos de Enoc por los lugares del castigo y de la recompensa finales. La tercera sección, capítulos 37 al 71, predice la llegada del Mesías, quien juzgará a todos, seres angélicos y humanos describiendo con detalles fantásticos el paradisíaco futuro reino de Dios. La cuarta sección de El Libro de Enoc incluye diez capítulos: Del 72 al 82. Detalla las revelaciones sobre las criaturas celestiales, como por ejemplo, los enfrentamientos que se producirán entre ellas cuando se acerquen los últimos días del mal. La quinta sección es de siete capítulos: Del 83 al 90, y contiene las visiones de Enoc de un diluvio enviado para castigar al mundo por su perversidad y la posterior instauración del reino mesiánico. La sexta sección (capítulos 91 al 105) consuela a los justos, les insta a mantenerse así, y condena a los injustos prediciendo su final. En esta sección Enoc divide la totalidad de la historia humana en 10 semanas de diferente duración (que simbolizan otras tantas épocas), cada una caracterizada por personajes o acontecimientos especiales; por ejemplo, la cuarta semana la protagoniza Moisés; la séptima trata de una degeneración universal. En la décima y última semana el antiguo cielo será reemplazado por uno nuevo y eterno. En la última sección (capítulos 106 y 107), la culminante, vuelve a hablarse del diluvio, de la posterior repetición de la era de la depravación y de los castigos y premios que llegarán cuando el Mesías instaure su reino. Los primeros cristianos tenían en gran estima el Libro de Enoc, pero a excepción de sus escasas referencias al mismo, poco se sabía acerca de la obra hasta que a finales del siglo XVIII se descubrieron en el noreste de África tres manuscritos íntegros en etíope. Los especialistas lo consideran importante porque muchos de sus conceptos e incluso su terminología, son muy similares a conceptos escatológicos posteriores y a libros y pasajes apocalípticos del Nuevo Testamento. Léanlo y se asombrarán, como también se asombrarían si leyeran estos tres textos: El Libro de los Muertos, los Libros Herméticos y el Mahabharata.

.- Pero hay otros siete libros fundamentales: El Sutra, del budismo Mahayana; El Talmud, que es el cuerpo de ley civil y religiosa judía, que incluye comentarios sobre La Toráh o Pentateuco; El Tantra, que en sánscrito significa ‘red’ o ‘secreto’ y está concebido como un conjunto de textos y rituales religiosos esotéricos budistas e hindúes; el Tao Te-King, o Daodejing, Libro de la Vía y de la Virtud, el gran tratado filosófico chino; El Veda, que son cuatro colecciones de himnos: El Rig-Veda, El Sama-Veda, El Yajur-Veda y La Atharva-Veda, y de último, el séptimo libro, lo cual no quiere decir que sea el menos importante: El Zohar o cábala hebrea que en sentido genérico, agrupa el misticismo judío en todas sus variantes. ¿Increíble, verdad?

La erudición de Adonay, cultivada en sus prolongadas sesiones de análisis y discusión con los estudiantes y profesores de la Escuela de Filosofía de La Universidad del Zulia en las calurosas tardes de los martes y los viernes, los dejó perplejos. Agobiados. Le produjo tal turbación a Alfonzo que se ruborizó por su pregunta y mientras Adonay remarcaba con una benévola sonrisa su silencio patriarcal, Alfonzo y Simón comparaban las notas que habían tomado durante su disertación sobre los textos sagrados. Tomaron una decisión táctica: abordar la hiper autopista de la información, el Internet II, para bajar los textos y a sugerencia de Simón, se reenviaron a los correos electrónicos de los tres redactores de su equipo creativo, con la orden de leerlos en profundidad y tener un resumen ejecutivo para la reunión de creativos del lunes siguiente. La aceitada y bien entrenada maquinaria publicitaria de La Agencia se puso en movimiento, y como la mejor de las centurias del ejército romano, iniciaron la marcha lenta pero inexorablemente hacia el éxito.

Entrada la noche decidieron cenar frugalmente. Adonay rechazó la invitación cortésmente y alegó que estaba en su ayuno semanal, una costumbre que observaba desde que tenía uso de razón y que le proveía salud física, mental y espiritual. Mientras Alfonzo preparaba emparedados con jamón, mortadela y queso amarillo, y Simón aderezaba una Ensalada César en un boll de vidrio, Adonay les conversó acerca de las bondades del ayuno.

.- Periódicamente, el organismo necesita una limpieza interna para desechar los residuos orgánicos perniciosos que almacena, especialmente cuando se comen carnes rojas, grasas... ¡Y alcohol!

Hizo énfasis en la palabra alcohol en el instante en que Simón destapaba una botella bien fría de cerveza. Los publicistas cruzaron miradas e intercambiaron caras de sorpresa e incredulidad mezcladas con una sonrisa burlona que no pudieron disimular.

.- No me miren así - advirtió Adonay - Ayunar es tan natural que hasta los animales lo hacen cuando enferman, porque el ayuno colabora con el descongestionamiento del organismo, para que concentre las energías en reponer la salud.

Alfonzo y Simón le oían entre cervezas, emparedados y platos de ensalada servidos generosamente sobre la mesa. Frente a ellos, Adonay proseguía su perorata naturista:

.-Todas las impurezas orgánicas desaparecen del organismo luego de las primeras 36 horas de ayuno total. A los dos días se consigue la limpieza de la sangre, sobre todo si durante el ayuno se ha ingerido una buena cantidad de agua tibia. Si, es un poco desagradable al principio, pero acelera el proceso.

Luego, Adonay se lanzó a una explicación acerca de la constitución de los diversos cuerpos que integran al ser humano. Mencionó las características del ‘cuerpo mental’, las particularidades del ‘cuerpo causal’, la esencia del ‘cuerpo Átmico’, del ‘cuerpo búdico’ y del ‘cuerpo etérico’; y las diferencias y correlaciones entre el ‘cuerpo físico’ con el ‘cuerpo astral’:

.- Antes de los tiempos, el ser humano era un ‘hombre-espíritu’ que vivía en el éter de la felicidad y se alimentaba de Su Luz, pero cuando el pecado se apoderó de él, su cuerpo se hizo más sólido, necesitó de alimentos menos delicados y es cuando el hombre comienza a comer vegetales, para darle sustentación a su nueva realidad. Posteriormente profundizó la equivocación y en la búsqueda afanosa de una proteína fácil, comenzó a comer carne, para la que no está diseñado el organismo humano. Nuestros dientes no son los ideales para desgarrar el tejido animal; para eso tuvimos que inventar los cubiertos. Las proteínas de nuestro sistema digestivo no procesan las carnes y es por eso que se digieren por putrefacción dentro de los intestinos. Según investigaciones médicas, se requieren tres horas para hacer la digestión de carne de cordero cinco para la de vaca, en cambio, se necesitan diez horas para que el organismo pueda procesar completamente la carne del cerdo. Por eso es tan conveniente y necesaria una limpieza semanal del cuerpo con el ayuno. No sólo para el cuerpo físico, también para los demás ‘cuerpos’ que integran nuestra compleja diversidad individual.

.- ¿Será por ‘eso’ que el judaísmo ortodoxo y el islamismo prohíben comer carne de cerdo? - preguntó Simón antes de deglutir el último bocado de su ensalada.

.- La prohibición de comer cerdo en el Islam constituye un gran salto hacia delante en la historia de la evolución humana. Considerando que la sangre es, virtualmente, nuestra corriente vital y que todo lo que consumimos afecta, en última instancia, a nuestro sistema sanguíneo, es necesario seleccionar nuestras comidas. Resulta evidente que el hombre de más avanzada concepción revolucionaria es aquel que más cuidadosamente selecciona sus alimentos. En el pasado, los pueblos salvajes de África fueron antropófagos. Algunos aborígenes de ciertos pueblos de Borneo y Nueva Guinea, no saben distinguir los alimentos: ingieren víboras, gusanos, ratas, y todo cuanto tengan a su alcance. En la actualidad, la limitación que hace el Islam no se ciñe exclusivamente a la abstención de carne de cerdo, sino que comprende también la carne mortecina y todo animal que no haya sido sacrificado en el nombre de Dios, sean vacas, corderos o gallinas. Este rito se denomina Halal para El Islam. Igual que los judíos, los musulmanes rechazan comer carne de animales de presa, como la del león, tigre, leopardo, y además, la de víboras, gatos, perros, ratas, porque están considerados dentro de sus leyes sagradas como animales impuros.

.- ¿Y de dónde habrá sacado esa gente esa prohibición? ¡Con lo sabroso que es el pernil de cochino en una arepa bien grasosa! - comentó Simón con un cierto acento de burlita contenida.

.- Dependiendo del rito encontrarás la respuesta. Para los musulmanes, esta prohibición se relaciona con el deseo de purificación de la naturaleza física del hombre, pues de acuerdo con algunas suras de El Corán, una vez ingerido el alimento, entra no sólo en el intestino y se convierte en excremento; también es absorbido y metabolizado y circula por todas partes del cuerpo humano, incluyendo el cerebro. Este hecho, nada insignificante para los que profesan la religión musulmana, afecta a la naturaleza del hombre, tal como lo ha dicho el Imam Alí Ibn Abi Talib “El estómago es la puerta de todos los males.

Alfonzo no podía continuar en aquel silencio y pretendió sacarse la espina de su primera pregunta con esta otra:

.- ¿Así que el Islam prohíbe comer carne de cualquier tipo?

.- El Islam permite a los musulmanes ingerir carne pura, y no prohíbe ni estimula a nadie a convertirse en vegetarianos. Algunos arguyen que si al cerdo se lo alimenta con comida sana, se puede consumir su carne. La respuesta para esta controversia es la siguiente: se puede alimentar al cerdo con una mezcla saludable, pero no se puede cambiar su naturaleza, un cerdo es ‘eso’: Un cerdo. No puede sufrir variantes por medio de injertos, como una planta.

.- Está bien... lo entiendo... Pero ¿A qué viene tanta ojeriza con el cerdo?

.- Lo que sucede, amigos míos, es que para El Islam, el cerdo es de naturaleza haragán e indulgente en el sexo. Le disgusta la luz del sol y carece de energía para luchar. Come casi todo lo que encuentra a su alrededor, sea excrementos o cualquier inmundicia y de todas las carnes de animales, el cerdo constituye la cuna más grande de gérmenes dañinos siendo el principal reservorio para la infección humana. Además, el porcentaje de grasas en el cerdo es mucho mayor que en cualquier otra carne: 91% en la de cerdo, 56% en la de cordero, y 35% en la de vacunos. Como pueden ver, los musulmanes tienen sólidas razones médicas y sanitarias para abominar de la carne de cerdo.

Después de cenar, los tres conversaron largamente hasta las once de la noche. Alfonzo les ofreció pernoctar en su apartamento para aprovechar al máximo el caudal de información y erudición de Adonay. El tema de la sobremesa se centró en Adonay, y aprovechando que se encontraba de buen talante para la conversación sobre temas más íntimos, Alfonzo le lanzó las preguntas fundamentales, las que iban al meollo: ¿Quién era? ¿De dónde venía? ¿Acaso era Jesús? ¿Por qué de su aparición en esta época? ¿Todo era inevitable? Por último dejó las preguntas que tanto se empeñó en evitar su tío don Valverde, la tarde del viernes en La Agencia: ¿Conocía a todos los que le habían depositado dinero en la libreta de ahorros? ¿Cuál era su opinión en relación a la ‘aparición’ de los asientos bancarios en aquella libreta? Se hizo un silencio azul cobalto. Profundo. Espeso como el petróleo que brota por un mene. Aquel silencio monacal fue disipado por el tintineo de los hielos al chocar con el fondo de cristal de dos vasos cortos, y el aroma del Old Parr abrazó a los publicistas en una comunión expectante. Entonces, Adonay se sintió libre y cómodo para responder:

.- ¿Quién soy? Puedes asumir que soy una especie de ‘mensajero’ ¿De dónde vengo? Físicamente, del vientre de una mujer. Geográficamente, de La Península de La Guajira. Espiritualmente, provengo de Él. ¿Quién soy? La respuesta a esta pregunta pueden encontrarla en varios textos sagrados: En las descripciones apocalípticas de Juan... En el Libro VI del poema épico sánscrito Mahabharata... En la descripción de La Séptima Semana, del Capítulo 105 del Libro de Enoc... En los jeroglíficos esculpidos en los muros interiores de las pirámides de los faraones de las dinastías del Imperio Antiguo... En el fragmento más importante del Mahabharata, el Bhagavad-Gita, un diálogo entre Krishna, la octava encarnación del dios Visnú, y el héroe panduida Arjuna, en el que reflexionan sobre el sentido de la vida... Tienen muchas vías e innumerables textos para enterarse de quién soy, pero si me permiten una definición personal, ella no es otra que ésta: Me defino como uno de los siete mensajeros y mi misión consiste en iniciar lo que Juan llamaba ‘los días del parto’. No soy El. Pero vengo de Él para derramar la primera de las siete copas sobre este mundo, la primera con la que se iniciará Armagedón. Otros como yo vendrán después de mí y... la respuesta a lo que no me preguntaron es ésta: Lo que ha de suceder no es evitable porque está escrito y esas apariciones en la libreta son una señal de los acontecimientos que habrán de sobrevenir.

Proliferaron las preguntas y las respuestas de Adonay vinieron acompañadas de explicaciones simples con referencias multi culturales y para cuando llegó la media noche, la escena en la sala del apartamento de Alfonzo era enternecedora, con un Adonay sentado en una butaca en medio de la estancia, como el patriarca Abraham conversaba con los hijos de Sara y Agar.

La campaña estaba técnicamente lista. A las ocho de la mañana del lunes, Alfonzo y Andrés Avilés se reunieron con los redactores creativos y los Directores de Arte para darle forma a los mensajes, en cuya ‘promesa básica’ fue: ‘En tu Fe está la respuesta’. Al equipo inicial se unieron cuatro redactores más para la epopéyica faena de revisar los micro-films de las mejores bibliotecas en las principales ciudades del mundo, para ubicar textos y postulados filosóficos y religiosos que pudieran respaldar aquella promesa publicitaria. Además del personal creativo de La Agencia, fueron contratados los estudiantes de Comunicación Social de La Universidad del Zulia y se creó un portal web con cientos de links, cuentas maestras de correos electrónicos y traducción simultánea para 35 idiomas y 120 dialectos, con el propósito de capturar información relevante para la campaña en tiempo récord.

En el Departamento de Producción de La Agencia la actividad era trepidante y en menos de setenta y dos horas tuvieron que expandir su espacio hasta el borde de la playa, invadiendo y contaminando el bucólico parque de arenas blanquísimas y cocotales centenarios con cuatro containers traídos desde la Capitanía del Puerto de Maracaibo.

El primer aviso de la gran campaña de Adonay llamó la atención por la simplicidad globalizadora de su concepción creativa: Una fotografía a toda la página y a todo color refleja el contraste policromático de un atardecer montañoso, donde la luz rebota entre cumbres nevadas y bosques que se deslizan suavemente hacia las mesetas del Tíbet. Sobre esta magnífica panorámica, arriba y a todo lo ancho del aviso, un titular breve e impactante:

El Lamaísmo también acepta la venida del tiempo nuevo.

Abajo y a la derecha del aviso se hizo un recuadro en el que se insertó la foto, también a color, del Dalai Lama, con la siguiente leyenda fotográfica:

Tenzin Gyatso, Dalai Lama: Océano de sabiduría, Protector precioso, Soberano espiritual y temporal del Tíbet. Premio Nobel de La Paz 1989

. El ‘copy’ o cuerpo del aviso continuaría así:

Sólo la comprensión, la paz y la armonía, basados en el amor, la compasión y el perdón templarán nuestro espíritu para enfrentar los tiempos por venir. Rectifica el rumbo de tu vida y reza según tus creencias, porque el comienzo del fin de los tiempos se aproxima.

Un mensaje de paz y de hermandad dirigido a todos los hombres y mujeres que forman parte de esta familia llamada Humanidad.

En una franja inferior del aviso se incluyó el texto de la promesa básica de la campaña: En tu Fe está la respuesta.

Para televisión, el tratamiento creativo fue otro, aunque estaba dentro de la estrategia y ‘con’ la misma promesa básica. Se trataba de mensajes de sesenta segundos de duración, con tomas exclusivas de los distintos líderes espirituales y religiosos, acompañadas esas tomas con un audio editado con las voces de cada uno de ellos (mensajes alusivos a ‘un nuevo tiempo’) en el idioma original de cada líder, con subtítulos en el idioma del país en que se transmitirá el mensaje. Un locutor oculto (que técnicamente llaman ‘locutor-en-off’) dirá:

No importa cuál es tu religión. Tampoco importa si no perteneces a alguna. Lo que importa es que rectifiques el rumbo de tu vida hacia el amor, la comprensión y el perdón. Conéctate con tu Dios. No está lejos, está dentro de ti, en tu conciencia, en tu corazón... En tu Fe está la respuesta.

Para este mismo mensaje televisivo Adonay sugirió este otro texto:

Todas las religiones tienen dos cosas en común: Aceptan que hay ‘algo’ superior al hombre y que ‘algún día’ todo lo que conocemos desaparecerá. No importa cuál sea tu religión: reza y rectifica el rumbo de tu vida, porque... En tu Fe está la respuesta.

La idea presentaba un reto de grandes complicaciones técnicas, pues además de post-producir las piezas con audios diferentes, enfrentaba la dificultad técnica de los diferentes sistemas de transmisión televisiva en el mundo, particularmente entre los mercados de América y los de la Comunidad Europea de Naciones. El plan de medios que diseñó Alfonzo evitó el uso de la televisión por señal cerrada de cable, aunque incluyó una sólida recomendación de pauta para las principales cadenas satelitales de África y Asia:

.- Este plan de inversión contempla una inversión de un mil ochocientos sesenta millones de dólares. Sesenta y tres por ciento para la compra de espacio promocional pagado en los medios. Diecisiete por ciento para la producción del material necesario y un diez por ciento para mercadeo directo y el montaje de una Agencia de Información propia, de carácter internacional. Tanto la campaña publicitaria como la informativa y la de mercadeo directo deberán estar listas dentro de noventa días, contados a partir de hoy. Estas son cifras y tiempos globales. Rosi, mi asistente, les entregará un ‘dossier’ completo impreso y un CD con los flujogramas que hemos diseñado, para el seguimiento y control del proyecto en todas sus fases, partiendo de esa presentación.

.- Todo me parece excelente - intervino Adonay - Aunque yo agregaría, si me lo permite Alfonzo, un esfuerzo en la radio, para transmitir en los 104 dialectos que se hablan en el continente africano, además de las cincuenta lenguas propias de Malaysia, China, India y Japón. Si, ya sé que en el cronograma debe estar contemplada una inversión importante para la radio, pero yo les recuerdo que más del 70 por ciento de la población mundial aún no tiene acceso a la televisión... Que tres cuartas partes de ese setenta por ciento desconocen los periódicos y las revistas y que más de la mitad de ellos viven en culturas donde aún se mantiene la tradición oral. En fin, es una sugerencia mía. Ustedes son los especialistas de esto. Me parece que en el mundo son más los que pueden oír una radio que los que pueden leer un periódico o ver un canal de televisión...

.- ... y la radio tiene un menor costo por mil - le interrumpió Alfonzo con arrogancia profesional innecesaria- No se preocupe señor Adonay, en el dossier podrá observar en el desglose del sesenta y tres por ciento para la compra de espacios, que más de la mitad de esa cantidad es para la comunicación radial.

La reunión continuó con la proyección de un audiovisual que resumía las características del plan de medios de la gran campaña de Adonay. Todo fue aprobado por él, así como también que el licenciado Alfonzo Ferrer tuviese, ahora sí, firma autorizada en la ya famosa cuenta de ahorros. En dos días la Agencia alquiló una amplia casa de tres plantas y un semisótano y suficiente terreno de estacionamiento para instalar allí las decenas de profesionales, técnicos y empleados que se necesitarían. Contrataron una docena de periodistas, al frente de los cuales estuvo el licenciado Antonio Marcano. Adquirieron mobiliario y equipos suficientes como para instalar una emisora de radio y un periódico; vehículos, varias camionetas y más de cincuenta teléfonos celulares de tercera generación y decidieron llamar a la novel empresa de comunicación Voz y Verdad, compañía anónima.

La unidad de mercadeo directo también funcionaría allí, en la Planta Baja, y como se trataba de otra compañía, se les asignó un acceso independiente de “Voz y Verdad”, por lo que los empleados de ‘Doble Vía Direct Marketing’ nunca pudieron disfrutar del amplio y generoso salón de recepción de la casona, porque les hicieron el acceso por la playa de los estacionamientos y el comedor. Para Adonay se reservó el tercer piso que era un amplio y cómodo salón de un solo ambiente, dos baños y un balcón panorámico desde el que podía divisarlo todo, pero Adonay se opuso tajantemente a mudarse allí y dejar su rancho sin puertas de Ziruma. Rechazó de entrada la sugerencia de que se le asignaría un chofer y un guarda espaldas, y no hubo argumentación o razonamiento que lo convenciera de cambiar de estilo de vida. Ni siquiera aceptó utilizar uno de los celulares de tercera generación, como tampoco aceptó que una secretaria le llevase una agenda. Nada. Aprobó lo demás pero se opuso tozudamente aquellas medidas o actividades que invadían su libertad y le limitaban su acción.

.- Pero señor Jinnú - insistió Alfonzo - ¿No se da cuenta que a partir de ahora usted se convierte en el centro de ataque de cualquier fanático?

.- O de cualquier trasnochado que busque notoriedad - terció don Valverde.

Pero no. Adonay se plantó en sus trece y seguiría viviendo en Ziruma. No le temía a la muerte. No le asustaba ningún acecho. No había nada qué temer. Así estaba escrito y aquello que estaba por suceder, sucedería sin que nada ni nadie pudiera evitarlo, porque era nada más ni nada menos que La Palabra de Dios. ‘Voz y Verdad’ fue organizada por Antonio Marcano con cuatro ‘tripletas’ cada una integrada por un reportero, un fotógrafo y un camarógrafo, quienes se dedicaron de inmediato a elaborar resúmenes noticiosos diarios en cuatro fuentes distintas: Adonay y la ecología, Adonay y las religiones, Adonay y la geopolítica internacional, Adonay y los avances científicos y humanísticos de la humanidad. Otras dos ‘tripletas’ de profesionales, coordinados por el periodista Elmer Niño, se destinaron para la cobertura directa de los actos contemplados en la agenda, que desde ese instante se le llevó a Adonay.

La campaña publicitaria arrancó en sesenta días después, sin embargo en la primera reunión del Comité de Asesores se decidió publicar algunos avisos y mensajes televisivos ‘de avance’ como estrategia de doble táctica: Por un lado, iniciar un movimiento en la opinión pública. Por otro lado, obtener las mediciones de esa opinión pública para armar una plataforma a la gran campaña publicitaria. Con ‘Voz y Verdad’ funcionando al tope de su capacidad, el Comité Ampliado presentó un cronograma de unitarios noticiosos para transmitir el mensaje de Adonay, utilizando los estudios recién estrenados en la sede y la señal de City Televisión como estación de retransmisión. La recomendación incluyó un royalties diario para la televisora. Para que esa producción televisiva se pudiera comercializar requería de un hecho que le proveyera de notoriedad internacional, con significación y validez y que, además, generaran una fuerte repercusión durante un lapso medianamente prolongado, elementos necesarios para captar la atención de las muchedumbres y ‘montar’ a Adonay sobre la cresta de la ola informática mundial. Esa estrategia emergente fue trazada por Antonio Marcano en estos términos:

.- En efecto, si la situación no se maneja adecuadamente, podemos ‘rayar’ la noticia y la fuente y corremos el riesgo de abortar el proyecto. Teóricamente hay dos vías: Una consiste en iniciar un llamado a la conciencia, para luego presentar al señor Adonay. La otra es ir directamente al grano. Presentar al señor Adonay Jinnú como lo que él presume ser: El primero de los siete ángeles a los cuales hace mención el Apóstol Juan en el Libro de las Revelaciones. Por convicción y profesionalismo, sugiero que se escoja una tercera vía: Un mensaje institucional, basado en los principales valores supremos de toda la humanidad, que sea válido para cualquier manifestación religiosa o seglar. Un mensaje de promueva la paz, el entendimiento, la concordia, porque si ‘occidentalizamos’ el mensaje, si lo ‘centramos’ exclusivamente en la visión cristiana, estaremos encerrando ‘la promesa básica’ sin alguna vía de escape, sin una puerta para...

.-... ¿para evitar el ridículo? - le atajó Adonay.

.- Sinceramente, si. - replicó Antonio - Yo creo que tal y como se está planificando este asunto, con una visión miope de sus implicaciones mundiales, al margen de que sea cierto o no que usted sea quien dice ser, el discurso comunicacional se debe analizar con muchísimo cuidado. Debe tener pertinencia universal. Pero sobre otras consideraciones, debe ser un mensaje aglutinador y orientador. No un mensaje de miedos o de amenazas apocalípticas. En primer lugar, hay que tomar en cuenta que un mensaje como ese generará una gran polémica, no sólo en el mundo religioso, también y muy especialmente en el mundo económico y político. Una noticia de ese calibre, verídica o no, generará un impacto incalculable en el comportamiento económico de todas las economías del planeta. Creará pánico en las Bolsas de Valores. Hará desplomar definitiva e irreversiblemente las economías monetarias de Occidente al orientar la demanda de seguridad hacia las piedras preciosas, las joyas y los metales de alta demanda, con el oro a la cabeza. Además, incrementará la espiral creciente de una deflación mundial que se inició hace varias décadas con los debacles económicos de la gestión del ex Presidente de los Estados Unidos, George W Bush, y de la que aún no se reponen ni los mercados emergentes ni las economías de los países desarrollados. Sumado al impacto económico, la noticia, tal y como la pretenden difundir, aumentará el nivel de suicidios colectivos e individuales, impulsará el mercado negro de alimentos hacia niveles inimaginables. Se debe estar claro que prevenir a la humanidad de los desastres descritos en todos los libros sagrados de los que nos ha hablado aquí el señor Jinnú, causaría otro desastre, quizás más agudo: La desesperanza total. Lo que el señor jinnú propone es, ni más ni menos que decirle a la humanidad toda: ‘mire, usted que se ve tan bien y que se siente tan bien... Usted se va a morir pasado mañana. Y no importa lo que haga o dónde se esconda, o a cuál Fe se atenga. Se va a morir’ ¿Cómo creen ustedes que va a reaccionar esa persona? Yo se lo voy a decir: Con pánico. Con el mismo pánico con que reaccionará toda la humanidad si hoy salimos a decir, convincentemente y fuera de toda duda posible, que el fin del mundo ha llegado. Que usted, señor Adonay, es una especie de ángel o mensajero de la muerte colectiva de la humanidad, y que nada de lo que se ha hecho o pueda hacerse cambiará el destino que su presencia le impone a la humanidad. En otro orden de ideas, nos encontraremos con la presión que ejercerán todas las religiones del mundo para desacreditar su mensaje. Papas, Ulemas, Rabinos, Pontífices, Vicarios, Mulaes... todos los jerarcas eclesiásticos desatarán una contra corriente de opinión pública única, como jamás se ha visto en la historia de la humanidad para desacreditarle a usted y a su mensaje. La convicción de que el mundo, tal como lo conocemos, está llegando a su final es muy antigua. Tanto, que forma parte de la cosmogonía de las principales religiones monoteístas y de casi todas las demás politeístas. Apartando momentáneamente el análisis de su mensaje a la luz de las religiones más antiguas, las de Oriente, en Occidente su mensaje provocará una hecatombe. Señor Jinnú: Nos enfrentamos al poder más fabuloso sobre la tierra: El poder de las religiones organizadas, aunque antagónicas en el pasado y el presente, se organizarán en un mismo frente de contra propaganda y su vida, igual que la de nosotros, debo decirlo con honestidad, estará en grave peligro.

La extensa disertación de Antonio Marcano tenía el rigor de una investigación social de cuarto nivel: Un análisis frío y descarnado de la situación, del entorno y de las distintas implicaciones a corto, mediano y largo plazo. Esa óptica de los acontecimientos la había obtenido Antonio desde que estudió con los jesuitas su primer doctorado en ciencias de la comunicación en la exigente Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Allí adquirió el escepticismo necesario para combinar la metodología más conveniente con el rigor científico-social y la severidad academicista. Años después trabajaría en Associated Press y luego en los más altos niveles del periodismo institucional de la industria petrolera venezolana, donde pulió sus conocimientos en el tratamiento internacional de los acontecimientos que eran noticia, y adquirió para siempre esa visión global que lo convertiría en uno de los asesores comunicacionales más importantes de habla hispana. Periodista, poeta y frío analista social, Antonio era la mente más lúcida del equipo. Era el más difícil de convencer o de convertir en adepto, eso lo sabía Adonay, pero al mismo tiempo sería el más formidable defensor de la causa y de la campaña, una vez que asumiera ‘la verdad’ como les decía Adonay que era él y todo lo que le rodeaba.

Todos estaban reunidos en la planta baja de la sede de ‘Voz y Verdad’. Antonio y los periodistas estaban en un extremo del amplio y espacioso salón. Los de la Agencia cerraban el círculo alrededor de Adonay, con Alfonzo a la cabeza. Esperaban en silencio la respuesta de Adonay y les extrañó que quedara en silencio. Luego de unos quince segundos el silencio de Adonay se esparció escandalosamente por la enorme sala, arropando a todos y llenando de dramatismo la espera por su respuesta, una réplica que nadie imaginó: Adonay se levantó de su silla, se colocó en el centro de la sala y se arrodilló con los brazos a los lados y el rostro hacia el techo. Permaneció así otros quince segundos hasta que una suave y tenue luz azulada y fosforescente brotaron de su ropa y de su cuerpo. De inmediato su cuerpo levitó, elevándose un metro del piso y una potente voz retumbó en la mente y en los corazones de los presentes:

.- Este es el mensajero de Mi Palabra. El primero que les envío. Bienaventurados aquellos que no poseen la marca de la bestia, porque no serán tocados.

Ante esta portentosa revelación de la condición divina de Adonay, y mientras aún permanecía su cuerpo flotando en los aires, los presentes reaccionaron de forma y maneras muy diferentes. Cuatro periodistas cayeron de espaldas y como pudieron, se arrastraron hacia el rincón más cercano presas de un pánico incontrolable. Otros quedaron en shock, como petrificados como la mujer de Lot, hasta muchos minutos después de la revelación. Juan Carlos se orinó en la silla y luego se paró para llorar y reír histéricamente. El pastor Andrés Avilés se arrodilló tranquilamente y comenzó a orar con la vista fija en un Adonay fenomenal, flotante, mágico. Algo similar hizo Antonio Marcano, mientras que Alfonzo y Elmer Niño, luego de los primeros minutos de la sorpresa inicial, se armaron de valentía y se acercaron hasta el lugar donde Adonay levitaba. Intentaron tocarlo pero no pudieron: Una película de luz, densa y consistente como la gelatina pero totalmente transparente les impidió entrar en contacto con su cuerpo. Escucharon aquella voz en el momento en que le daban vueltas a un Adonay en trance y levitando. Alfonzo lo veía con miedo. Elmer con curiosidad casi científica. Alfonzo se peinaba frenéticamente el bigote pero Elmer sonreía. Sonreía como el niño pobre ante el juguete rico. Como el inocente que desconoce el pesado fardo de temores y angustias que arrastran las almas pecaminosas. Pasados algunos minutos se hizo evidente para todos que estaban presenciando un milagro: Todo el salón se iluminó con el brillo que brotaba de Adonay y un rayo de luz cenital dejó entrever que la atmósfera circundante estaba saturada con minúsculas partículas de las que se desprendían destellos dorados muy intensos. Pasada la revelación, el cuerpo de Adonay ascendió pero sus pies no tocaron el piso pero el aura que se desprendía de él, al principio azulada, se tornó blanquísima. Tan brillante que obligó a muchos a tapar los ojos para evitar el deslumbramiento. Uno a uno, los integrantes del grupo recobraron la compostura. Andrés Avilés y Antonio se le acercaron a Adonay pero éste los detuvo:

.- No me toquen. Por favor, no me toquen. He sido ungido por el espíritu de Dios para limpiar de mí todas las impurezas de este mundo y presentarme ante Él. Hagan lo que tengan que hacer porque cuando regrese será para hacer cumplir Su Palabra.

Sin mediar más palabras que aquellas, Adonay se dirigió, flotando como estaba, hacia la puerta y se fue desmaterializando poco a poco, hasta que su imagen fue una sombra tenue que se desvaneció en el aire. Un silencio, un angustiante y pesado silencio colmó el vacío que dejó la partida de Adonay. Tas él, una fuerte fragancia de rosas quedó flotando en el ambiente de la sala hasta muchos días después de la gran revelación.


Este capítulo forma parte de la Novela "El Ocaso de los Tulipanes" ®Depósito legal lf06120088001562 del 18/abril/2008 - ISBN 9789801231615 / Radicación internacional Nº 7571 del 21/abril/2008 - Todos los derechos reservados © Andrés Simón Moreno Arreche Editorial Eróstanus

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